Cambio climático: certeza e indiferencia

La semana pasada se produjo el primero de los tres capítulos que conforman el quinto informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), el mayor cuerpo de científicos históricamente reunidos con la misión de recomendar acciones políticas.

En esta ocasión entregan la base científica, en un conjunto de proposiciones que cubren un rango muy amplio de incertidumbre y certeza, que muestran lo mucho que debemos avanzar para conocer el sistema climático y aquella parte del conocimiento que ya es suficiente para tomar decisiones.

Hoy es claro que el campo de acción de los llamados “negadores del cambio climático” sigue disminuyendo. Desde un punto de vista científico no hay duda razonable de que el calentamiento global es un hecho, en especial desde 1950. El aumento de concentraciones de los gases de efecto de invernadero, en cantidades no sucedidas en el planeta en los últimos 800 mil años, está produciendo la disminución de los hielos en todo el mundo.

El océano es el primero en recibir el efecto, pues absorbe un 90% del calentamiento. Hay alta certeza de que, tal como ha sido propuesto desde el anterior informe, el aumento del nivel del mar en el último siglo supera lo sucedido en los últimos dos milenios. La gran verdad inconveniente es que la influencia humana en el clima es extremadamente probable como causa dominante del cambio observado desde mediados del siglo veinte. Lo más preocupante del informe es la proyección hacia el futuro de las tendencias, según las cuales podrá esperarse un calentamiento que podría alcanzar los 4,5 grados centígrados en promedio, con extremos en un rango muy amplio en diversas partes del mundo.

También, para los científicos, los cambios en el ciclo hidrológico en respuesta al calentamiento en el siglo XXI no serán uniformes, con contrastes notorios con algunas excepciones entre estaciones húmedas y secas. En pocas palabras, el clima ya cambió y los seres humanos somos la causa principal. En los próximos informes se espera evidencia y recomendaciones sobre la magnitud y distribución de los impactos, las amenazas y la vulnerabilidad, así como las opciones de mitigación para varios escenarios de decisión política. No son propuestas alarmistas, sino alarmantes.

Mientras se presenta en octubre de 2014 en Dinamarca a la totalidad de la evidencia científica disponible, se viene haciendo un llamado general al cambio en las decisiones políticas que afectan el clima y nuestra capacidad de adaptación. El Instituto Humboldt en Colombia, por ejemplo, señala que el informe del IPCC llama a mejorar ya el trato que les damos a los ecosistemas y la biodiversidad, del cual depende el costo social de la inexorable adaptación al cambio climático.

En efecto, nuestro Instituto Humboldt participa en la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (Ipbes), el otro órgano de las Naciones Unidas hermano del IPCC y que atiende los temas de la convención de biodiversidad, profundamente relacionados con el cambio, que ya no es sólo climático, sino ambiental global.

Así las cosas, mientras en el cambio climático aumenta la certeza científica sobre la trayectoria indeseada como resultado de la acción humana, en la biodiversidad la certeza siempre ha sido clara: los seres humanos la estamos destruyendo. Pero la urgente gestión de la biodiversidad está atrapada no por la incertidumbre, sino la indiferencia.

El sistema climático, el sistema ecológico, el sistema económico, son uno solo. Lo que está en juego es el bienestar humano. ¿Podríamos esperar que el próximo plan de desarrollo esté centrado sobre la mitigación y adaptación al cambio climático?

 

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