Cambio de enfoque

El pasado martes, Juan Manuel Santos anunció al país los nuevos integrantes de la cúpula militar. Después del nombramiento de Juan Carlos Pinzón en el Ministerio de Defensa, el cambio de la cúpula fue el último gran retoque que el presidente le dio a su esquema para la protección de la seguridad nacional.

Muchas quejas acompañaron el desempeño de la cartera de Defensa en el primer año de Santos. No sólo hubo un descenso en los resultados frente a la guerrilla —pese al éxito del bombardeo a alias el Mono Jojoy— sino también la seguridad urbana se puso en jaque por cuenta de bandas criminales. Por todo esto, una renovación como la que se efectuó se hacía necesaria desde cualquier punto de vista. Por fin sucedió.

Ya del ministro Pinzón se ha hablado. Es una persona altamente preparada a quien se le viene el reto de su vida. ¿Pero la cúpula? ¿Será este un cambio adecuado también? Antes de este anuncio, los expertos en el tema alegaban que el almirante Édgar Cely (el antiguo comandante de las Fuerzas Militares) no tenía una buena relación con la tropa. Todo parece indicar que el hecho de tener a alguien de la Armada comandando las acciones era simbólicamente negativo para el Ejército. Querían a un general de los suyos al mando. Y esto, finalmente, terminó por aceptarlo y concederlo Santos.

¿Quiénes son los nuevos? De acuerdo con la mayoría de expertos, esta cúpula está conformada por una serie de militares profesionales, sin tacha, de amplia experiencia dentro del conflicto y con una legitimidad muy grande, no sólo entre la tropa, sino también en otros temas importantes como el de los derechos humanos. El nuevo comandante, general Alejandro Navas, es un hombre que conoce de cabo a rabo el conflicto armado y la lucha antiguerrilla: dio de baja al Mono Jojoy, hizo parte de la ‘Tarea Omega’, una de las más importantes del gobierno Uribe, y ha participado en el rescate de soldados secuestrados por las Farc, entre muchas otras. Se ve entre sus subalternos como un líder y un oficial tropero, es decir, alguien que conoce en carne viva la labor.

Se encuentran también Sergio Mantilla, nuevo comandante del Ejército, un hombre de alta experiencia en inteligencia militar y galardonado en más de 30 ocasiones. Roberto García, nuevo comandante de la Armada, conocedor recorrido de la lucha antidrogas. Tito Pinilla, para la Fuerza Aérea, con amplio reconocimiento dentro de la institución. Y, finalmente, el inamovible Óscar Naranjo al mando de la Policía Nacional. Su experiencia, legitimidad dentro y fuera de la tropa —porque la ciudadanía también lo respeta mucho— y su antigüedad, lo hacen una ficha casi inexpugnable dentro de este esquema.

Bajo este entendido podría pensarse que se trata de un acierto de Santos y de su ministro Pinzón. Falta esperar cómo afronta la nueva cúpula los grandes retos que el presidente ya le puso la tarea de resolver. Son básicamente tres: las bacrim, ese fenómeno que se está tomando a sangre y fuego grandes regiones de Colombia y que imparte miedo a la ciudadanía. El llamado “cambio en las formas de lucha” que anunció la guerrilla de las Farc hace unos meses, el cual parece ser una estrategia amparada en las milicias urbanas con las que aún cuenta. Y, por último, el tema cada vez más cercano de las elecciones de octubre, que está bajo amenazas graves y que puede poner en la cuerda floja, nada menos, que la legitimidad de la democracia.

Grandes retos se les viene encima. Esperamos que esta nueva línea de las Fuerzas Armadas pueda mantener resultados favorables a la seguridad, depurando a su vez los problemas que han manchado a algunos miembros de la fuerza pública durante los últimos años. Acierta el Gobierno en este intento por unificar a sus soldados en aras de lograr una mayor eficacia en la lucha. Ojalá se mantenga, también, este expediente sin tacha que tienen los comandantes.