Cambios importantes

Aunque es claro que faltan ajustes y que no se pudo evitar la violencia contra los miembros de la Fuerza Pública, no debe ignorarse que el cambio en el discurso de la Alcaldía de Bogotá y la presencia estatal les han dado una nueva legitimidad a las instituciones. / Foto: Gustavo Torrijos- El Espectador

Mucho se ha dicho de manera negativa contra el protocolo propuesto por la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, para proteger la protesta pacífica y controlar el vandalismo. Aunque es claro que faltan ajustes y que no se pudo evitar la violencia contra los miembros de la Fuerza Pública, no debe ignorarse que el cambio en el discurso y la presencia estatal les han dado una nueva legitimidad a las instituciones. Eso, en este país de tensiones estancadas para las que se proponen las mismas respuestas, es de incentivar.

Hubo varias fallas en la efectividad del protocolo. Primero, desde el punto de vista simbólico, la presencia de las madres gestoras de paz, con sus mensajes autoritarios y que retoman estereotipos de género mandados a recoger, es un tema que amerita más discusión. Si bien la intención es buena, debería reevaluarse el mecanismo.

Segundo, lo innegable, hubo una violencia desmedida y frustrante contra los policías. Las imágenes en Suba, donde varios uniformados fueron agredidos con piedras de manera incesante, son angustiosas y merecen el rechazo de toda la sociedad. Allí no hay duda.

Dicho eso, la solución no es, entonces, regresar a los métodos de antaño y creer que la única manera de resguardar la protesta social es utilizando el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de entrada.

Quienes pretenden criticar a la alcaldesa por la ausencia de una mano más firme ignoran que, gracias al protocolo y el discurso proveniente de la administración distrital, las instituciones han recuperado parte de la legitimidad que perdieron en el paro del año pasado. Ya no estamos en este momento teniendo un debate nacional sobre los múltiples comportamientos indebidos de la Policía; ya no se está cuestionando el hecho de que los uniformados tienen que controlar a los vándalos. Ese ruido pierde fuerza cuando no hay estigmatización ni mala disposición desde la Alcaldía.

Algo similar dijo Alberto Brunori, representante en Colombia de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. “De acuerdo con nuestros análisis constatamos avances en el uso del diálogo para no recurrir al uso de la fuerza por parte de la Alcaldía de Bogotá y la Policía Nacional”, dijo. Y agregó que la estricta aplicación del protocolo “puede crear condiciones en la sociedad y en las personas para ejercer su derecho a la libertad de expresión, manifestación y participación, fortaleciendo procesos democráticos”. No podemos olvidar que hace unos meses no estábamos en ese mismo ambiente.

Claro, la pregunta por cómo evitar la violencia y la intervención del Esmad en las protestas sigue vigente. El balance del 21 de enero pasado es preocupante en un país que cada vez más va a salir a las calles. Pero en ese proceso, la sociedad civil debe apoyar la creatividad y la experimentación, dado que las confrontaciones de siempre no pueden seguir ocurriendo. En vísperas de la eventual próxima marcha, ojalá Bogotá siga dando ejemplo de cómo tener mejores respuestas al descontento y el caos.

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