¿Por qué censurar a Rusia?

¿Acaso un medio de comunicación pierde su protección de libre expresión por tener relaciones con algún gobierno?

En ese ambiente, dicen los eurodiputados, “el Gobierno ruso está utilizando de modo agresivo una amplia gama de herramientas e instrumentos para poner en duda los valores democráticos, dividir Europa, recabar apoyo a escala nacional y crear la impresión de que existen estados fallidos". / Foto: EFE

Dentro del debate, que ya hemos comentado en estas páginas, sobre qué hacer con las noticias falsas y la desinformación, el Parlamento Europeo adoptó hace un par de semanas una resolución que, si bien se presenta como el fortalecimiento de la responsabilidad social de los medios de comunicación, toma medidas que nos parecen violatorias de la libre expresión y un error en la manera de enfrentar el problema que los eurodiputados querían solucionar.

En la resolución, el Parlamento Europeo argumenta que “la Unión, sus estados miembros y sus ciudadanos están sometidos a una presión sistemática cada vez mayor para hacer frente a las campañas de información, desinformación e intoxicación y a la propaganda por parte de países y agentes no estatales, con las que se pretende socavar la propia noción de información objetiva o periodismo ético, calificando toda información de sesgada o de instrumento del poder político, y que también van dirigidas contra los valores e intereses democráticos”, y dice que “la crisis financiera y el avance de nuevas formas de medios de comunicación digital ha planteado importantes desafíos para el periodismo de calidad, que han conllevado una disminución del pensamiento crítico entre el público, haciéndole más susceptible a la desinformación y a la manipulación”.

En ese ambiente, dicen los eurodiputados, “el Gobierno ruso está utilizando de modo agresivo una amplia gama de herramientas e instrumentos, como grupos de reflexión y fundaciones especiales (Russkiy Mir), autoridades especiales (Rossotrudnichestvo), cadenas de televisión multilingües (RT), supuestas agencias de prensa y servicios multimedia (Sputnik), para poner en duda los valores democráticos, dividir Europa, recabar apoyo a escala nacional y crear la impresión de que existen estados fallidos entre los países vecinos del Este de la Unión”. Por eso, los Estados miembros de la Unión Europea deben tomar medidas para fortalecer a los medios de comunicación independientes y evitar que los medios rusos puedan difundir sus ideas. Hay, insisten, una diferencia entre “propaganda y crítica”.

Es muy delicado que una institución de tan alto nivel indique que medios enteros, como RT, son meros objetos de propaganda y que por ende su libre expresión debe ser coartada. ¿Acaso un medio de comunicación pierde su protección de libre expresión por tener relaciones con algún gobierno? ¿Incluso si pudiera probarse que todo lo publicado por RT es “propaganda”, algo demasiado complicado de entrada, la forma de responder es con la estigmatización y la obstaculización a la difusión de sus ideas? ¿Por qué debe el Parlamento Europeo tomarse la potestad de definir cuáles discursos son protegidos y cuáles deben ser censurados? Y, finalmente, ¿es esta la mejor manera de contestar a las ideas distintas, incómodas?

Somos conscientes del reto que representa la desinformación y también sabemos que en la guerra cultural hay estados con intereses en imponer sus ideas a través de los medios. Sin embargo, la solución no es atentando contra la libre expresión. ¿No hemos aprendido ya lo que pasa cuando hay cuerpos políticos que tildan a ciertas ideas de peligrosas? Fortalecer a los medios independientes es una medida necesaria, pero no puede hacerse a costa de la estigmatización de aquellos que defienden posiciones políticas distintas. Necesitamos un debate público más robusto y una ciudadanía dispuesta a cuestionar las fuentes de su información, no más intervención de los estados en el flujo de las ideas.

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