Cocaína: la guerra que no acaba

Más allá de las justificaciones y las promesas, el aumento de los cultivos no deja de ser una derrota evidente.

El Estado debe demostrar que puede llenar los vacíos que dejarán las Farc, así como recuperar los territorios en poder del narcotráfico. / Eliana Aponte

En medio de la justa esperanza que genera el posible fin del conflicto armado con las Farc, el informe reciente sobre el aumento de los cultivos de coca en el país, publicado por Naciones Unidas, nos anuncia que incluso si hay acuerdo, el principal obstáculo para la paz seguirá siendo el poder del narcotráfico.

Según lo publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) en su informe anual de monitoreo de las áreas cultivadas de coca para fines ilícitos en el país, dichos cultivos aumentaron en 2015. De 69.000 hectáreas sembradas que había en el país en 2014 se pasó a 96.000 el año pasado, lo que representa un incremento del 39 %. El 2014, a su vez, había presentado un incremento del 44 % con respecto al 2013. Esos datos son suficientes para convertir a Colombia en el país con más cultivos de coca.

Además, en un dato que habla de los efectos que tiene el abandono estatal, cinco departamentos, de los 23 afectados por el cultivo de coca, tienen el 81 % del área sembrada. Cauca, Nariño, Putumayo, Caquetá y Norte de Santander son los territorios que requieren intervenciones más urgentes.

Para explicar el porqué de la situación, la Unodc menciona incentivos que incluirían el aumento del precio de las hojas de coca, pues de $2.150 por kilogramo que les pagaban en 2014 se pasó a un pago de $3.000. Además, la suspensión de la erradicación mediante la aspersión aérea desde abril del año pasado generó que los cultivadores vieran un menor riesgo en el cultivo. Esto empeorado por el hecho de que sólo el 32 % de los territorios afectados por cultivos de coca han sido intervenidos con desarrollo alternativo.

Desde la noche anterior a la publicación del informe, el Gobierno Nacional inició su defensa. El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, habló de las muchas razones que hay para el aumento. Por su parte, Rafael Pardo, alto consejero para el Posconflicto, dijo que la interdicción es el centro de la nueva estrategia antidrogas.

Pero, más allá de las justificaciones y las promesas, el aumento de los cultivos no deja de ser una derrota evidente. Hace dos años se firmó en La Habana el acuerdo que trata el tema de las drogas, pero apenas ahora se están poniendo en marcha los procesos de sustitución de cultivos. Si esa es la apuesta, falta mucha más contundencia al actuar.

También falta dar un debate más transparente. Sabemos que Colombia está atada a los caprichos internacionales para lograr un cambio estructural en la política contra las drogas, pero hay discusiones internas que están en mora de darse. ¿Cómo es posible que los narcotraficantes sigan dominando zonas del país por culpa de la ausencia del Estado? Con La Habana se ha prometido que por fin se llegará a estos lugares, pero todavía no hay resultados para mostrar.

Los tentáculos de la droga financian la violencia y la corrupción, y motivan, por ejemplo, la rebeldía del Frente Primero de las Farc, que anunció que no se desmovilizará con el acuerdo final. Se ha dicho, con razón, que la inteligencia que las Farc pueden dar al respecto va a ser un insumo muy útil en esta guerra, pero lo ocurrido en estos dos años causa impotencia.

No hay una solución fácil, por supuesto, pero debe ser una prioridad del Gobierno evitar que el narcotráfico llene los vacíos que van a dejar las Farc. Todavía nos falta mucho para que tengamos el último día de la guerra contra las drogas.

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