Condenada Aída Merlano, ¿para cuándo sus aliados?

La condena a Aída Merlano envía un mensaje claro a todos los políticos del país: la corrupción que quiere crear cortocircuitos en la democracia colombiana no es aceptable. / Foto: Archivo - El Espectador

La condena de 15 años contra la exparlamentaria Aída Merlano es un triunfo inusual de la justicia colombiana. Rara vez vemos a una política de tan alto nivel e influencia en su región ser procesada por haber montado una empresa criminal para comprar votos y sabotear la democracia. Queda la amarga sensación de que ese tipo de prácticas son más comunes de lo que quisiéramos y eso necesariamente nos lleva a una pregunta: ¿para cuándo las investigaciones y condenas contra los múltiples cómplices de Merlano? ¿Debemos creer contra toda evidencia, acaso, que se trató de un caso extraordinario?

La Fiscalía había acusado a Merlano, del Partido Conservador, de gastarse más de $6.000 millones para conseguir su elección el 11 de marzo de 2018, cuando alcanzó 73.250 votos. Cuando las autoridades llegaron a su sede de campaña encontraron $261 millones en efectivo, una bolsa llena de certificados electorales y varias armas de fuego. Según Felipe Valencia, quien fue el testigo clave para el ente investigador, el grupo de la exparlamentaria estaba conformado por 2.000 personas aproximadamente, entre coordinadores de grupo y líderes encargados de conseguir votos y zonificar sufragantes. Por estos hallazgos, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) la condenó por concierto para delinquir y compra de votos.

Se trata de una condena ejemplarizante. El mensaje a todos los políticos del país es claro: la corrupción que quiere crear cortocircuitos en la democracia colombiana no es aceptable. Los llamados para atenuar la condena o incluso borrarla, como lo hizo el director del Partido Conservador, Ómar Yepes, suenan incoherentes con el supuesto compromiso de todas las colectividades políticas en el país para luchar contra los corruptos. ¿Dónde queda la responsabilidad de la colectividad que dio el aval?

Sin embargo, el tema no puede acabar aquí. Es habitual en Colombia que cuando ocurre un escándalo grande (como Odebrecht, por ejemplo) se da una sentencia rimbombante, pero nunca se llega más allá. ¿No hay más responsables en la empresa criminal de Merlano? ¿Qué garantías hay de que no siguen operando en su zona de influencia?

Cuando capturaron a la exparlamentaria, la Fiscalía explicó que existía una organización conocida como “Casa Blanca”. Al servicio de políticos regionales, esta red tenía todas las herramientas a su disposición para intervenir en las elecciones y poner candidatos al antojo de sus financiadores. ¿Qué pasó con esas investigaciones? ¿Cuándo conocerá el país a más responsables? ¿Parará todo en Merlano y tendremos que pasar la página, como ha pasado en tantas ocasiones?

En medio de una campaña regional muy violenta (ya van siete candidatos asesinados), no podemos permitir que la corrupción siga teniendo protagonismo. Para lograr que los colombianos apuesten por la democracia y las instituciones del país, es esencial poder demostrar que los procesos electorales son transparentes. Para eso, hay que evitar que existan más “merlanos” haciendo de las suyas.

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