Cristina repite mandato

Cristina Fernández arrasó en las elecciones argentinas, como estaba anunciado, sobre la base de un crecimiento sostenido que ha devuelto a la mayoría de los argentinos a los buenos tiempos, luego de la crisis de años atrás.

Más allá de su llamado a la unidad nacional, los retos para la primera mujer en lograr la reelección en América Latina son grandes, en especial en el campo económico.


Cristina ha superado las expectativas generadas cuando remplazó a su esposo, pues existía la idea de que Néstor Kirchner sería el verdadero poder mientras regresaba a la presidencia luego de una “transición” con su esposa. Pero las cosas no se dieron como se había especulado, ya que la prematura muerte del expresidente llevó a un replanteo del panorama político. La inquilina de Casa Rosada debió asumir su propia reelección maniobrando para mantener dentro del redil a los distintos barones del peronismo, así como al importante movimiento sindical. Los buenos vientos del crecimiento sostenido, con un 9% anual, le permitieron avanzar a pesar de las turbulencias derivadas de las denuncias por corrupción, serios enfrentamientos con el sector rural y la desmarcada de su vicepresidente, quien se convirtió en una piedra en el zapato.


Los efectos de la crisis de comienzos de la década anterior, con la devaluación de la moneda, una inflación desbordada y un gran descontento social, fueron capitalizados por Néstor Kirchner cuando asumió la presidencia en nombre de un peronismo escorado hacia la izquierda. A pesar de su discurso populista, con excesiva complacencia hacia los sindicatos y los grupos de protesta callejera, el modelo caló en las clases menos favorecidas. De igual manera se granjeó la simpatía de las organizaciones de derechos humanos al reabrir los procesos contra los militares responsables de la guerra sucia. Además, Cristina se ha enfrentado a los grandes medios de comunicación, que en su mayoría han sido críticos de su gestión. La inseguridad llegó a crearle a la mandataria serios problemas ante la insatisfacción de miles de ciudadanos que exigieron mayores resultados.


A pesar de las críticas, una de las mayores aliadas del kirchnerismo ha sido la fragmentación de la oposición, que no ha logrado consolidar una propuesta alternativa de gobierno. Los recientes resultados así lo demuestran. El radicalismo, otrora una importante fuerza electoral, quedó relegado a un tercer lugar, mientras se hundieron Elisa Carrió, segunda en las pasadas presidenciales y última en las actuales, así como el expresidente peronista Eduardo Duhalde. Cristina, con su 53%, obtiene la votación más alta desde 1983, cuando retornó la democracia. Aquí surge como segunda fuerza el socialista Hermes Binner, quien con un lejano 17% debe armar un proyecto opositor, cosa nada fácil.


Sin embargo, no todo será un jardín de rosas. La recuperación económica, con un 9% de crecimiento anual, ha estado jalonada principalmente por las exportaciones a Brasil, China y la India. Con este panorama, los problemas de su vecino en este segundo semestre, cuando se evidencian signos de desaceleración, pueden dificultar el buen desempeño. De esta manera, el gasto social podría verse afectado, perjudicando a su base política. De igual modo, la inflación, que ha sido amortiguada por los acuerdo tripartitos con los sindicatos y los patronos, podría traer serias repercusiones entre las clases menos favorecidas.


Para Colombia, la reciente visita que hizo a Argentina el presidente Santos augura una profundización en el acercamiento entre los países. Son variados los temas en los cuales hay puntos de acuerdo en materia económica, comercial y de política internacional, en especial en el marco de Unasur. Grandes retos acompañarán pues a Cristina Fernández en el nuevo período, así como a la fragmentada oposición.

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