¿Cuál es el día D?

Lo importante, empero, y esto es algo que deben recordar el Gobierno y todos los involucrados con la campaña por el sí, es que sin importar la decisión que se tome sobre cuándo convocar el plebiscito, la condición irrevocable es que todos los acuerdos, sin faltar ningún detalle, estén publicados, estén siendo difundidos por todo el país y no haya lugar a realizarles ningún cambio.

La campaña por el plebiscito necesita de mensajes claros y contundentes sobre su importancia, no más improvisación. / Foto: AFP

Esta semana que termina, el presidente Juan Manuel Santos le agregó más confusión al aterrizaje de los acuerdos de La Habana al mencionar que el plebiscito podría convocarse antes de la firma final, lo que causó justa preocupación en quienes ya de por sí sienten que se viene una campaña compleja y plagada de desinformación. Ante una oposición organizada alrededor de un mensaje claro —aunque lleno de vacíos retóricos—, el Gobierno y los defensores del fin del conflicto tienen que evitar los tropiezos y adoptar un discurso mucho más claro y transparente.

El presidente dijo que “cuando todo esté acordado no se requiere la firma oficial, sino el hecho de decir ‘ya está todo acordado’, para poder enviarle al Congreso los acuerdos y convocar el plebiscito”. En otras palabras, que sin tener la firma final ya estaríamos en el proceso oficial de planear el mecanismo de refrendación que, según se ha dicho, tardará seis semanas antes de que los colombianos puedan ir a las urnas.

No obstante, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, dijo horas después que el plebiscito se convocará una vez esté firmado el acuerdo final, en contradicción con el presidente. El asunto no es para menos: como lo demuestran los acuerdos anunciados el viernes pasado sobre cese al fuego, a partir del denominado día “D” empiezan a correr una serie de plazos que llevarán al desmantelamiento de las Farc. Por eso, si estos procesos comienzan, pero la refrendación no se ha realizado, pueden surgir inconvenientes para la implementación de los acuerdos.

Lo importante, empero, y esto es algo que deben recordar el Gobierno y todos los involucrados con la campaña por el sí, es que sin importar la decisión que se tome sobre cuándo convocar el plebiscito, la condición irrevocable es que todos los acuerdos, sin faltar ningún detalle, estén publicados, estén siendo difundidos por todo el país y no haya lugar a realizarles ningún cambio.

Los colombianos han manifestado de muchas maneras, aunque no es del todo cierto, que no conocen el contenido de lo que se ha pactado. Eso afecta directamente su intención de voto. Y peor aún: esa falta de claridad crea el ambiente perfecto para que los discursos del miedo crezcan y se afiancen.

En una elección que tiene implicaciones trascendentales para el futuro inmediato y a largo plazo de Colombia, cada uno de los votantes —y no votantes que, no hay que olvidar, suelen ser la mayoría del censo electoral— tiene que comprender, con lujo de detalles, qué es exactamente lo que hay sobre la mesa para su decisión.

Estos años de negociación han estado llenos de salidas en falso y de ideas arrojadas ante la opinión pública y luego corregidas. El tanteo de la matriz de opinión que ha sido tan propio de este gobierno. Pero el tiempo para eso ya pasó. Haría bien el Gobierno adoptando un mensaje claro, unificado, y que empiece a construir la confianza que necesita el país para aprobar un acuerdo al que muchos ven con justificada cautela.

Sería también provechoso dejar atrás los cambios en el discurso, las amenazas veladas, la apelación al miedo de manera constante, y concentrarse en llevar a cabo una campaña a la altura de la coyuntura histórica. Rescatar, precisamente, los valores de la mesa de negociación que tienen el proceso cerca de buen puerto: la paciencia, la sobriedad y la sensatez ante todo. Por supuesto que el conflicto más antiguo del continente está llamado a terminar en un proceso electoral marcado por los sentimientos al rojo vivo, por el miedo y las heridas que no sanan; pero ante eso, la mejor estrategia es que el Gobierno explique, con la misma vehemencia que lo llevó al proceso de paz en el principio, por qué lo pactado servirá de cimiento para un mejor país. Un buen comienzo sería aclarar cuál será el día “D” tan mentado.

 

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