Cuidado con La Guajira

La ausencia de la MOE deja en evidencia la problemática de un departamento donde la corrupción sigue siendo la ley.

La única solución es que sean las personas las que se tomen la responsabilidad de garantizar que La Guajira no siga en la misma crisis de hace años. / Foto: EFE

Las malas noticias no paran sobre el departamento de La Guajira. Además de ser uno de los puntos del país con más problemas por culpa de la combinación perversa de pobreza y corrupción, las elecciones atípicas que se celebrarán este domingo para la Gobernación están llenas de advertencias sobre posibles fraudes y falta de representación de la población. Si la democracia falla, será muy difícil tomar las medidas que garanticen la recuperación del departamento.

Aunque las advertencias han surgido de distintas fuentes, la más reciente —y preocupante— vino desde la Misión de Observación Electoral (MOE), que anunció que no le hará veeduría a los comicios. En palabras de Alejandra Barrios, su directora, “este es el último recurso que tenemos para decirle fuerte y claro al departamento que una democracia no es ir a las urnas de cualquier manera, que una democracia es poder tener un candidato que verdaderamente represente estructuras políticas capaces de luchar contra la corrupción, que tengan unos comportamientos que, por lo menos, se acerquen a lo que la legalidad establece”. En el llamado también le piden a la ciudadanía que se manifieste para evitar que persistan las prácticas corruptas.

La ausencia de la MOE deja en evidencia la problemática de un departamento donde la corrupción sigue siendo la ley. No sobra recordar que hace poco en este espacio celebramos que la Fiscalía capturara a 20 personas involucradas en distintos tipos de detrimento patrimonial, en el ICBF y en la operación de las entidades territoriales.

Es frustrante que La Guajira, pese a ser el segundo departamento en condición de pobreza, con un abrumador 53,3 % de la población en estado de vulnerabilidad, vea que sus elecciones también corren el riesgo de estar bajo la influencia de la misma cultura política de siempre.

La elección del domingo, por ejemplo, se convocó después de que Oneida Pinto fue destituida por incumplir el régimen de inhabilidades. Pinto tiene en curso también una investigación en la Fiscalía por presunta participación en las amenazas contra el gobernador encargado, Jorge Enrique Vélez, quien ha intentado ayudar en el saneamiento del departamento. Contando a pinto, el saldo es lamentable: los últimos seis gobernadores han tenido líos judiciales, y tres de ellos han sido sancionados.

Y la situación no mejora. La Registraduría anunció que, después de las denuncias sobre indebida injerencia de los candidatos en pugna, anuló la inscripción de 1.299 ciudadanos como testigos electorales por distintas causales, algunos de ellos incluso por tener parentesco directo con los políticos en campaña. Pero, de todas maneras, las dudas persisten.

Genera esperanza, no obstante, ver las protestas de la población y los grupos indígenas que se han hecho sentir; incluso hay iniciativas organizadas para promover el voto en blanco dado que uno de los problemas es que, para sectores del electorado, ninguno de los tres candidatos representan el cambio necesario.

La única solución es que sean las personas las que se tomen la responsabilidad de garantizar que La Guajira no siga en la misma crisis de hace años y que los partidos políticos, que avalaron a los candidatos, estén al tanto de la vigilancia ciudadana. Independientemente de quien gane, el elegido deberá demostrar con total transparencia que es capaz de ayudar en la erradicación de la corrupción. La Guajira no aguanta un gobernador cuestionado más.

 

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com

Temas relacionados

 

últimas noticias

El testamento de un testigo ignorado

Tú me financias, yo te contrato

Patear la mesa