Debido proceso

YA SE CERRÓ LA ETAPA PROBATOria que la Procuraduría General de la Nación impuso en días recientes al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por las basuras: ese caos citadino que vivimos en la capital durante tres días enteros y que quedó registrado en la mente de la ciudadanía como el error más grande de la Alcaldía.

Ahí vimos las fotos, las quejas, las opiniones, las protestas. El alcalde, como nos tiene acostumbrados, salió a defenderse de forma grandilocuente. Salió a pelear. Tal vez ese episodio sí fue el mayor error de su mandato: tan loable en su planteamiento teórico como caótico en sus perspectivas de implementación.

Y de esta forma, más de 100 quejas llegaron al ente de control, entre ciudadanos, políticos y defensores de derechos ambientales. La Procuraduría inició una investigación, la cerró y falta saber si la archivará o presentará un pliego de cargos. La pregunta que se hace Gustavo Petro en estos momentos es si lo van a destituir o no. Eso, al menos, es lo que nos deja entrever con sus trinos: “Buscar por el camino fácil de la destitución lo que no pudieron lograr por las urnas, sólo busca sabotear la esperanza de la paz”.

No creemos que se trate de eso, alcalde. Demasiado profundo el planteamiento. Creemos, sobre todo, que es un intento por generar claridad de si en esos días caóticos hubo o no irregularidades “relacionadas con la prestación del servicio público de aseo y otras de naturaleza contractual y administrativa”, como se lee en el auto de cierre. Y si hay dudas, está bien que se investigue. No creemos que sea un complot, ni mucho menos una forma de no dejarlo gobernar.

Sin embargo, preocupan mucho las declaraciones que dio el abogado Daniel Prado, encargado de defender al alcalde. Y más que sus palabras, despiertan preocupación sus actos concretos: renunció sin más. Por falta de garantías, dice él. De acuerdo con lo que ha dicho el abogado, la Procuraduría no le dio la posibilidad de conocer el expediente: “El 15 de abril fui notificado de que había sido admitido como apoderado del alcalde. El 17 pedí que me permitieran conocer el expediente. Un día después me autorizaron la expedición del expediente y me dijeron cuánto costaban las fotocopias, pero no me dieron el tiempo para leerlas. Y luego, una semana después, me anunciaron que la investigación estaba cerrada”. Suena muy grave.

De ser ciertas sus palabras, esa no es la forma. Porque en este caso es eso y nada más: una cuestión de forma. Procesal. Los rituales jurídicos que se han inventado están hechos para respetarse. Incumplir estas reglas de juego redunda en derechos de las partes, como el de contradicción, tan básico para que un juicio moderno sea justo.

Esperamos, entonces, que el alcalde sea investigado y juzgado de la forma correcta. Si existen dudas en cuanto a la implementación del modelo de basuras, pues que se haga un esfuerzo por contarle a la ciudad la verdad de lo que pasó y que se encuentre a los responsables. Pero que se haga bien, respetando las formas. No es digno de un Estado social de derecho eso que nos cuenta el antiguo abogado. Ojalá se despejen esas dudas. El país también se lo merece.

 

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