¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 2 horas

En defensa del parque Tayrona

El anuncio de un posible proyecto para construir un hotel de máximo lujo en el Parque Nacional Natural Tayrona, o en su zona de inmediata influencia, causa enorme inquietud.

Las explicaciones que ha dado el Gobierno no son más precisas que la nebulosa que rodea al proyecto, el cual, si bien nos puntualizaron esta semana que no se ha presentado formalmente, es evidente que viene avanzando de tiempo atrás. Que los empresarios y hasta los legítimos propietarios dentro del parque tengan su propia interpretación de lo que son los parques nacionales vaya y venga, pero que el Gobierno no entienda el carácter inalienable, imprescriptible e inembargable de estas reservas genera profunda preocupación.

Los parques nacionales son la joya de la corona de las áreas protegidas y tienen un carácter jurídico y una vocación diferente a las reservas forestales. El Tayrona, además de sus valores superlativos de biodiversidad y belleza, tiene un carácter emblemático por las movilizaciones que en su momento se dieron para protegerlo. Sorprende entonces la ligereza con que se habla de un proyecto “amigable con el medio ambiente”. El asunto no se resuelve afirmando que se trata de un proyecto ecoturístico en cabeza de un grupo internacional que, como Six Senses, tiene larga experiencia en la defensa del medio ambiente. Antes de eso, tendría que verse si es un proyecto legal, y no parece serlo si, como se ha sabido, se planea construir dentro del parque, en el sector de Arrecifes. Hay que recordar que la sola concesión privada de servicios ecoturísticos, aun dentro del marco del plan de manejo del parque, causó en el pasado gobierno fuerte controversia. La discusión frente a una propuesta mucho más atrevida suscita ya indignación.

Se ha dicho también esta semana que el proyecto depende de la no objeción de los indígenas. La discusión no es si los indígenas habitan o no dentro del parque, pues es claro que tanto el área protegida como su zona de influencia hacen parte del territorio sagrado. Pero tampoco, en caso de que el proyecto sea dentro del parque, como todo lo indica, puede afirmarse que los indígenas tienen la última palabra. El Tayrona es patrimonio de todos los colombianos y ya está blindado por la ley. Antes que licencia ambiental, un proyecto turístico dentro del parque requeriría cambiar la Constitución, ni más ni menos.

La discusión, además, no es solamente local sino que ya se anuncia que pasará más allá de las fronteras, pues este proyecto denota desconocimiento de los compromisos internacionales en materia de áreas protegidas, en el marco del Convenio de Diversidad Biológica.

Las recurrentes discusiones sobre el uso turístico del Tayrona tienen empero origen en una grave omisión por parte del Estado. El parque es natural, sí, pero todavía no es nacional, pues persiste dentro de él la propiedad privada. En el lenguaje de la administración de los parques nacionales se contempla la figura del saneamiento predial, pero ésta a duras penas se aplica cuando se trata de grupos vulnerables. En este caso, el Gobierno parecería dispuesto a encontrar eufemísticos atajos para consolidar la propiedad privada en el parque. El valor social del Tayrona es hoy inconmensurable. El Gobierno, en aras del interés público, en vez de ofrecerlo para un dudoso proyecto de turismo ecológico, debería proceder a expropiarlo.

Es entendible el afán del ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible por encontrar nuevas fuentes de financiación para el buen mantenimiento de los parques nacionales y las áreas protegidas. Pero su creatividad no puede pasar por encima de los logros alcanzados en protección, y menos justo cuando los ecosistemas más estratégicos del país están amenazados por el auge de todo tipo de minerías. ¡Lo único que faltaba es que tocara debatir de nuevo cuál es el fin de los parques nacionales naturales!

Temas relacionados

 

últimas noticias

Crímenes de Estado contra periodistas

Una apuesta ambiciosa por la educación