Dejemos los juegos políticos en remojo

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Dos postales de la última semana ofrecen un claro contraste en tiempos del coronavirus. En la primera, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, acepta una propuesta de parlamentarios de la oposición para destinar parte de los recursos de su cartera para el sector salud. En la segunda, el presidente, Iván Duque, y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, intercambian pullas sobre los siguientes pasos en el manejo de la pandemia. Por favor, al menos mientras salimos de esta encrucijada, el país necesita que los juegos de la política queden en remojo.

El mundo está en una crisis plagada de incertidumbre. Incluso en el mundo científico, los expertos dudan sobre las soluciones que se proponen, y todo el tiempo se están reevaluando las estrategias con base en nuevos datos. No hay un manual claro sobre qué hacer, en tiempos de pandemia, para proteger la salud de las personas, salvar la economía y no violar las libertades individuales. El acto de malabarismo que los líderes están haciendo es de una complejidad que es difícil subestimar.

Por eso mismo, la mejor estrategia es actuar abandonando las diferencias ideológicas y políticas. Necesitamos buenas ideas, sin importar de dónde vengan. Es importante que quienes pueden ejecutar las medidas de respuesta al virus estén dispuestos a ser influenciados por personajes que se encuentren, incluso, en la otra orilla política. Hoy, más que nunca, el lugar común “todos somos colombianos” cobra vigencia.

Lo vimos, en su mejor versión, con el caso de los recursos del Ministerio de Defensa. Como explicó Iván Cepeda, senador del Polo Democrático, “celebro que una proposición, que ha tenido origen en 27 congresistas de la oposición, haya sido acogida. Valoramos que dineros que regularmente se invierten en compra de armamentos vayan para la salud de los colombianos y esperamos que en el futuro así siga ocurriendo. Esta es una demostración de que es posible mediante el diálogo lograr acuerdos en un momento de dificultades y de emergencia”.

En la práctica, son $130.000 millones que serán destinados para hospitales, unidades de cuidado intensivo y atención prioritaria. Todo gracias a que el Gobierno estuvo dispuesto a escuchar, sin importar de dónde venía la idea. Así debería continuar.

Muy distinta es la tensión entre el presidente y la alcaldesa de Bogotá. Las dos figuras más visibles a nivel nacional en la crisis no pueden perder el tiempo intercambiando indirectas, contradiciéndose y haciendo demostraciones de poder que solo refuerzan el ego, en detrimento de la confianza de los colombianos. Nadie ha puesto en duda que las decisiones terminan en el primer mandatario, pero el proceso mediante el cual se llega a ellas no debe excluir a los demás focos de poder político, como alcaldes y gobernadores, que además han mostrado tener muchas buenas ideas.

En todo el mundo hay una creciente ola de ignorancia que está atacando las medidas prudentes de los gobiernos. Conociendo cómo opera el populismo, es de esperar que el descontento siga creciendo con base en mentiras e inexactitudes. Colombia no ha sido ajena a estos impulsos. Entonces, desde el Estado, la respuesta debe ser la cooperación y la transparencia, la búsqueda implacable de buenas ideas.

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