Dejen jugar a las mujeres

l dilema parece ser que, como prima la idea de que a nadie le interesa ver fútbol femenino, los patrocinadores y los medios no ayudan en la difusión. Sin embargo, el interés que despertó el pasado mundial en la audiencia colombiana debe enviar un mensaje claro: difundan, que la fanaticada llegará.

La tenacidad de las futbolistas colombianas motivó la creación de una liga profesional de fútbol femenino. Ahora debe recibir el apoyo de la fanaticada, los equipos profesionales y los patrocinadores. / AFP

Es de aplaudir la iniciativa de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) de crear una liga profesional de fútbol femenino para el primer semestre del año entrante. Este triunfo, que se debe no en menor medida a la tenacidad y el profesionalismo de las jugadoras de la selección femenina de fútbol, debe tener un respaldo contundente por parte de los equipos, la afición y los trabajadores. Son muchos los retos que se vienen para establecer una liga sostenible, pero el talento existe.

Los triunfos de la selección femenina no dejan de ser asombrosos. Sin una liga profesional detrás en el país (lo que llevó a varias a buscar oportunidades en Europa), sin mucho apoyo institucional y sin el abrazo cálido de los aficionados colombianos, clasificaron a dos mundiales, en 2011 y 2015 (donde llegaron a octavos de final, siendo eliminadas por las que serían las campeonas) y al Mundial Sub-20 de 2010, en el que llegaron a las semifinales. Titánico.

El mayor éxito, sin embargo, parece haber sido demostrarles a los directivos de la Dimayor que tiene sentido apostar por las mujeres deportistas, y al resto del país, que hay mucho para ver en el fútbol femenino.

Jorge Perdomo, presidente de la Dimayor, dijo que la liga femenina de fútbol ha sido su propósito desde que llegó al Comité Ejecutivo de la Federación. Por eso, después de reunirse con todos los equipos profesionales del país, anunció la creación de la liga a partir del año entrante.

Las condiciones son adecuadas: cualquier de los veinte equipos que actualmente existen puede decidir crear una versión femenina. De esos, al menos doce han demostrado interés, aunque se espera que el primer torneo (de dos anuales) contará con la participación de ocho equipos. Estos, por cierto, no podrán ser aficionados: tanto jugadoras como cuerpo técnico deberán tener contrato laboral, con todos los beneficios que eso representa, por al menos la duración de un torneo. Si bien los sueldos correrán por cuenta de los equipos, la Dimayor, consciente de las dificultades económicas que representa iniciar una liga de cero, se encargará de cubrir los costos de viajes y dotaciones. “Muchas ligas en otros países han nacido y muy rápido han desaparecido por el tema económico, y eso es lo que nosotros queremos evitar acá”, dijo acertadamente Perdomo.

El primer reto de los equipos profesionales es que muchos no tienen división femenina. Eso, sin embargo, puede solucionarse haciendo alianzas con los muchos clubes semiprofesionales que ya existen en el país y que han venido trabajando con mucha seriedad. El talento está. Falta que los equipos comprueben su voluntad.

Por lo demás, sabemos que crear la liga y garantizar su sostenibilidad no es tarea fácil. En todo el mundo, en los pocos países que tienen ligas profesionales, las mujeres deportistas sufren por los salarios precarios y la falta de apoyo desde los patrocinadores. El dilema parece ser que, como prima la idea de que a nadie le interesa ver fútbol femenino, los patrocinadores y los medios no ayudan en la difusión. Sin embargo, el interés que despertó el pasado mundial en la audiencia colombiana debe enviar un mensaje claro: difundan, que la fanaticada llegará. Nuestras deportistas se merecen esa oportunidad.

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