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hace 1 hora

La delgada línea

Hollman Morris es un periodista con una carrera de éxitos y gran recorrido: no solamente en el campo neto del periodismo puro y duro, con sus reportajes y crónicas que lo hicieron famoso, sino también en el nivel gerencial, que es acaso igual de importante.

Ahí tenemos a Canal Capital y sus niveles de audiencia que están en niveles inusualmente altos a partir de su llegada y que se explican por la simple —aunque a veces costosa— apuesta de tener contenidos divergentes, por los que no muchos meten la mano: programas de debate, documentales, series históricas, humor político... El prestigio del que goza no es gratuito. Un aplauso.

Y si bien Morris ha sido víctima de presiones indebidas e insultos a su forma de hacer periodismo y, peor, a su persona, finalmente ha podido ejercer el oficio de la forma como ha querido. Aun cuando están documentadas también muchas formas de presión para tratar de silenciarlo, comenzando, cómo no, con la persecución estatal desde el DAS a él y a su familia, Morris ha sido protegido por la misma sociedad colombiana y por la cooperación internacional, para evitar que se le censure: su fama y su prestigio se deben, justamente, a que contra esos poderes oscuros se han levantado todas las protecciones posibles para dejarlo trabajar con libertad. No sin acosos, pero con libertad.

Ahora Morris es protagonista de ese debate, pero desde el otro lado. En el caso que ocupa a los medios en este momento, surge una pregunta: ¿Censuró Hollman Morris, gerente general de Canal Capital, al periodista Mauricio Arroyave, director del programa El primer café, al no renovarle el contrato? Él dice que no y ya lo escuchamos en su defensa ante Julio Sánchez Cristo en La W ayer: que no había presiones en contra de Arroyave, que simplemente le hacía sugerencias, que nunca impuso una agenda de entrevistados, que las únicas discusiones que se daban entre ellos dos eran las mismas que en cualquier consejo de redacción de cualquier medio.

Ante esa afirmación, hay más preguntas: ¿Es esa la labor de un gerente general de un medio de comunicación? ¿Discutir los contenidos periodísticos o el rigor de los programas? ¿No se trata de un perfil, digamos, más técnico, encaminado a resolver otros asuntos? Ejemplos puso Morris en su charla con La W. Uno, que Arroyave incluyó en el programa pautas de la Media Maratón de Bogotá, un evento privado que podía meterlos en problemas con la Contraloría, y que por ello Morris lo reprendió. Perfecto, eso es labor de un gerente. Pero también contó que discutía, como con otros directores de programas del canal, los temas, los contenidos, los entrevistados... Y ahí sí resulta discutible que eso sea la labor de un gerente. Así sea un gran periodista. La línea entre el contenido editorial y el negocio, por mucho que se pueda adelgazar, jamás se debe romper.

¿El hecho de que se trate de un medio de comunicación público hace diferente ese tratamiento? Puede que sí, que existan funciones dentro del contrato del gerente con Canal Capital que exijan un mayor control sobre toda la operación. Y puede que, como lo afirmó él mismo, el contrato con Arroyave incluyera una cláusula de “acoger y considerar las recomendaciones” que vinieran desde la gerencia general. Pero eso no implica que esas palabras, escritas con vaguedad burocrática, puedan ser interpretadas de cualquier forma. Las grandes batallas por la libertad que ha dado Holman Morris como periodista no se compaginan con este privilegio de la letra menuda como gerente general. He ahí esa delgada línea en la que se encuentra en este momento. El debate está más que abierto.

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