Desde Armenia, un ejemplo de inclusión

El tema de la diversidad lo que requiere es, precisamente, que puedan darse conversaciones honestas y productivas. / Foto: Cristian Garavito -El Espectador

Más allá de las marchas multitudinarias de lado y lado, de los escándalos nacionales sobre las cartillas de educación y la supuesta ideología de género, la realidad de los niños, niñas y adolescentes que son lesbianas, gais, bisexuales o trans (LGBT) es uno de múltiples obstáculos en los colegios. Desde el Quindío, una experiencia de lucha y diálogo arroja luces sobre cómo podemos cambiar nuestros centros educativos para ser más incluyentes y bajar las tensiones de la sociedad.

Nía Alexandra Noval Betancourt lleva cuatro años exigiendo que la Institución Educativa Gustavo Matamoros D’Costa, de Armenia, la dejara usar el uniforme que va acorde con su identidad de género. Noval, quien es una adolescente trans de 16 años, empezó en grado séptimo a cuestionar por qué no podía usar falda. A partir de ahí, su batalla se expandió para buscar modificar la manera en que los manuales de convivencia del Quindío tratan la diversidad.

Noval contó, en RCN Radio, que “cuando llegué a estudiar a esta institución me encontré con un rechazo por parte de las autoridades y directivas del colegio; cuando me vieron con falda me cerraron la puerta para no ingresar al plantel”. Como ella, son muchas las personas trans que deben enfrentar ese tipo de rechazos o que, incluso, prefieren ocultar su identidad de género para no ser víctimas de discriminación. Esa situación lleva a problemas psicológicos y es un daño innecesario del que la sociedad colombiana ha sido cómplice por muchos años.

Lo más interesante de la historia de Noval, sin embargo, es que su resiliencia obligó a las directivas de la institución a sentarse a conversar. Ese diálogo se fue ampliando para incluir a la Secretaría de Familia del Departamento, otros estudiantes y docentes. El desenlace es que a mediados de mayo de este año la joven se convirtió en la primera persona trans en poder utilizar un uniforme acorde con su identidad de género. Además, se creó un documento que puede servir de referencia para que los demás colegios del departamento modifiquen sus manuales de convivencia.

Es lamentable que el tema de la diversidad sea a menudo secuestrado por los extremismos, pues lo que requiere es, precisamente, que puedan darse conversaciones honestas y productivas. Los prejuicios se pueden desarmar cuando las personas ven las historias de jóvenes como Noval, que con su sola existencia demuestran la necesidad de ajustar la manera en que se da la enseñanza en el país.

No debería ser así. Los niños, niñas y adolescentes LGBT no deberían tener que convertirse en voceros de su causa para que por fin las directivas de los colegios, los docentes, los padres de familia y las autoridades de las entidades territoriales reaccionen ante un problema latente y a menudo ignorado. Pero ya que las circunstancias han llevado a visibilizar a figuras como Noval, hay que apoyar su valentía y aprovechar la oportunidad de seguir su ejemplo. El país entero está en mora de crear espacios seguros para que ningún estudiante se sienta discriminado y excluido.

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