El apagón de Nicolás Maduro

En medio de una hambruna generalizada y la imposibilidad para la mayoría de la población de adquirir algún tipo de alimento, también hubo saqueos, graves problemas de suministro de agua y de gasolina debido al apagón. / AFP

A los muy graves problemas que padecen los venezolanos se sumó que desde el viernes de la semana anterior vivieron un apagón en todo el país. Aunque parece resuelto, con algunas intermitencias, la situación vivida aumenta la sensación de caos que se vive allí. Si bien el régimen, experto en eludir responsabilidades, le achaca la culpa a un “golpe electromagnético” desde EE. UU., todo apunta a la ineficacia en el mantenimiento del sistema de generación y distribución de energía eléctrica. Otra gota para un vaso ya rebosado de indignación.

El tema no es menor. A pesar de que ya hubo otros cortes permanentes, es la primera vez que la situación se prolonga por tanto tiempo. Tras más de cien horas de apagón, se denunciaba el fallecimiento de 15 pacientes de diálisis por culpa de la falta de electricidad, así como la pérdida de más de 26.000 toneladas de alimentos. Esto en medio de una hambruna generalizada y la imposibilidad para la mayoría de la población de adquirir algún tipo de alimento, pues los pocos supermercados que funcionan exigen el pago en dólares. Esto ha generado de nuevo saqueos en varios lugares el país. De otro lado también hay graves problemas de suministro de agua y de gasolina, debido al apagón.

¿A quién echarle la culpa? Maduro habla de un “grave crimen de traición a la patria; se ha intentado este ataque para generar un estado de desesperación”, de necesidad general (…que provoque…) un llamado a una intervención militar norteamericana y a una ocupación a nuestro país. Por este motivo se abrió una investigación contra el presidente encargado, Juan Guaidó. Sin embargo, expertos como Winston Cabas, presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica, señalan al sistema energético nacional como “vulnerable, frágil e inestable”. Frente al señalamiento hecho por Maduro de un ciberataque al Sistema de Control Automatizado que rige el funcionamiento de la Hidroeléctrica Guri, Cabas dijo que este “no es digital sino analógico”.

Los hechos y las cifras demuestran el deterioro y abandono de dicho sector en el país vecino. Hace una década se alertó sobre la necesidad de invertir no solo en mantenimiento, sino en la construcción de nuevas plantas. Según Cabas, de los 16.000 megavatios instalados tan solo se dispone de 2.500. De esta manera, lo que realmente hubo fue un colapso del sistema eléctrico. Lo poco que funciona, las plantas termoeléctricas, no solo son insuficientes, sino que adolecen de los mismos problemas que el resto de la infraestructura. Debido a lo anterior, el sistema de distribución sufrió un incendio en el llamado “corazón del sistema eléctrico nacional”, del que depende hasta el 90 % del suministro. En el estado de Zulia, fronterizo con Colombia y que es el más caliente de Venezuela, se vivieron más de cien horas sin energía eléctrica.

Al mismo tiempo, Washington anunció el retiro de todo su personal diplomático del país. ¿La causa? El deterioro de la situación, así como el hecho de que su permanencia era un “obstáculo para sus planes”. ¿Reaparece así el fantasma de una acción de fuerza contra el régimen? Elliott Abrams, enviado especial para Venezuela, afirmó ante la periodista Ángela Patricia Janiot que “hemos dicho que no vamos a usar fuerza militar (...) la acción militar no es una buena idea, es decir, ese no es el camino que EE. UU. está siguiendo”. Esta debe ser la respuesta que se espere de Washington por parte de los países de la región.

De momento, Guaidó declaró, desde la Asamblea Nacional, el “estado de alarma en todo el territorio nacional”, y podría llegar a invocar el artículo 187 de la Constitución, que lo habilita para solicitar una intervención internacional, mediante “el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”. Así las cosas, continúa el viacrucis para los ciudadanos del país vecino. Los padecimientos, lejos de disminuir, aumentan día a día. La dictadura, infortunadamente, no parece dar su brazo a torcer.

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