El camino de España

El camino que debe seguir España en materia política, con repercusiones en todos los campos, se está definiendo en este momento.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, fue una de las grandes sorpresas en las elecciones ibéricas pues vio su ascenso meteórico frustrado en una votación inesperada. / EFE

El resultado de las elecciones del pasado domingo en España aclara un poco más el camino para la conformación de un gobierno estable que saque de la interinidad a Mariano Rajoy. El hecho de que los oficialistas del Partido Popular (PP) hayan obtenido el mayor número de parlamentarios electos les permite actuar de inmediato para buscar coaliciones. Los socialistas del PSOE serán el fiel de la balanza, mientras la izquierda de Unidos Podemos sufrió un fuerte golpe. Comienza la temporada de negociaciones.

El país ibérico viene desde el 20 de diciembre de 2015 con un presidente en funciones ante la imposibilidad de cuadrar las cuentas para lograr una mayoría parlamentaria y poder gobernar. El hecho de que los populares hayan logrado 137 escaños, de los 350 que había en juego, 14 más que los alcanzados hace seis meses, los coloca en mejores condiciones para dialogar con las fuerzas opositoras. Sin embargo, el PSOE, a pesar de haber perdido cinco curules, conserva un segundo lugar con 85 diputados. Cualquier fórmula de solución pasa por ellos, tanto como posibles socios en una eventual coalición o para hacerse al lado y no obstaculizar que los ganadores se unan a los partidos con poca representación y alcancen la mayoría de 176. Rajoy está analizando con su equipo cada una de las eventuales opciones que tiene a mano antes de lanzarse a proponer acuerdos.

La primera opción, la más deseable para el PP, sería la de juntarse con los socialistas en el entendido de que había algunas transacciones programáticas sobre la mesa. Esto daría una amplia mayoría para asegurar la gobernabilidad y, de paso, solidificar el bipartidismo.

Todo eso suena bien en el papel, pero Pedro Sánchez, líder del PSOE, así como otros dirigentes, han dejado ver su interés por ir a la oposición permitiendo que sea el oficialismo el que conforme el gobierno con otros socios. El 9 de julio tendrán su asamblea partidista, donde decidirán qué camino tomar. Los socialdemócratas deben evaluar muy bien su estrategia a seguir pues dependiendo de la misma están construyendo la posibilidad de regresar al poder en unos años. Han hecho un relevo generacional en su dirigencia, pero continúan arrastrando el fardo del descontento ciudadano hacia quienes no supieron en su momento dar respuestas claras a la crisis que se vino encima.

Los grandes perdedores de la jornada fueron la alianza Unidos Podemos, que aglutinaba a la izquierda española. Su líder, Pablo Iglesias, fracasó con la estrategia planteada de crear un frente común entre los herederos del movimiento de los indignados y las huestes de Izquierda Unida. Dado el meteórico ascenso de Podemos desde su creación, y sumando los votos obtenidos por las dos agrupaciones en diciembre, los cálculos matemáticos daban para que se constituyeran en la segunda fuerza política en el país. Las encuestas les daban la razón y la alegría era inocultable en los días previos a las elecciones. Sin embargo, el resultado demostró que perdieron más de un millón de votos y que en política no siempre uno más uno es dos. De momento les corresponde hacer un profundo y claro análisis de lo que pasó para tomar los pasos que les permitan reencauzarse por el camino del triunfo.

Por último está Ciudadanos, el partido de centroderecha de Albert Rivera, que tan sólo logró 32 diputados y cedió participación que al final del día se sumó al PP. Su opción es la de ser llamado por Mariano Rajoy para que junto a algunos de los partidos con menor participación en el Parlamento puedan formar la coalición que les permita tener gobierno.

Así las cosas, el camino que debe seguir España en materia política, con repercusiones en todos los campos, se está definiendo en este momento. De la responsabilidad histórica que asuman los máximos dirigentes de sus respectivos partidos políticos depende que el mismo sea viable o no.

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