El “Chapo” nos toca

Hay que entender que el narcotráfico es una amenaza internacional y, por ello, se requiere de la mayor colaboración entre los países afectados por este flagelo.

La captura del Chapo Guzmán y lo que suceda con el Cartel de Sinaloa que él lidera no es un asunto mexicano exclusivamente sino que tendrá repercusiones en Colombia. Cuidado con equivocarse en eso.Foto: AFP / RONALDO SCHEMIDT

Se equivocan quienes creen que la captura del jefe del cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias el Chapo, no tiene nada que ver con Colombia. Puede ser que al ver al capo, con su camisa sucia, todo parezca un hecho lejano, como de otro mundo. Tanto más luego de la exótica (auto)entrevista de Sean Penn y Kate del Castillo, cuya coordinación al parecer sirvió para detectarlo. ¡Cuidado! No hay que perder de vista que el narcotráfico es un negocio transnacional y que Colombia sigue en el centro de él, así el control haya pasado a mafias norteamericanas.

Lo que ocurra en México afecta a otros países vinculados en el tráfico de estupefacientes. Y son muchos los nexos entre el cartel de Sinaloa que lidera el capo detenido y los narcotraficantes colombianos. Ya la Policía Nacional nos ha informado esta semana que la droga que ha incautado a alias Otoniel, máximo cabecilla del clan Úsuga, durante la Operación Agamenón –que sigue activa en el Urabá en su búsqueda–, iba a ser enviada al cartel de Sinaloa en México.

Se han documentado además las relaciones de los carteles mexicanos con las bandas criminales colombianas e, incluso, con las guerrillas de las Farc y el Eln. En noviembre de 2015 la DEA sostuvo, en un informe, que había una “relación de trabajo entre múltiples frentes de las Farc y organizaciones criminales mexicanas, incluyendo a los Zetas, el cartel de los Beltrán Leyva, el cartel de Jalisco Nueva Generación y el cartel de Sinaloa, con el fin de transportar cocaína hacia Estados Unidos”. Hasta el fallecido jefe del Epl, Víctor Ramón Navarro, alias Megateo, tenía nexos con el cartel de Sinaloa.

Valga recordar también lo sucedido con el clan Cifuentes Villa. Tres miembros de esa familia, vinculada inicialmente al cartel de Medellín, se encuentran en Estados Unidos, surtiendo un proceso por sus vínculos con el Chapo Guzmán y su imperio. Colombia es para muchos capos mexicanos o una escala en la cadena narcotraficante o un lugar de paso. Prueba de ello es la captura en agosto pasado de dos presuntos integrantes de este cartel, Osvaldo Contreras Arriaga, alias el Gober, y Omar Ayón Díaz, alias Ahijado, en Cartagena. O la detención de Magaly Chávez, alias la Faraona, en Cali.

Y no es sólo el narcotráfico lo que los agrupa. Según la Policía, el cartel de Sinaloa ha incursionado igualmente en el tráfico de personas, el contrabando y negocios legales que les permitan lavar activos.

Entonces no. No es algo lejano. No es algo que incumba exclusivamente a México. Hay que entender que el narcotráfico es una amenaza internacional y, por ello, se requiere de la mayor colaboración entre los países afectados por este flagelo. Tanto para medidas policivas, como capturas e incautaciones, como para adelantar políticas públicas para hacerle frente a este problema de formas distintas a lo netamente policial.

Cabe resaltar que México, Colombia y Guatemala iniciaron, en 2012, un debate sobre la necesidad de replantear la política antidrogas a nivel mundial. Una controversia necesaria y que sigue creciendo. Tratar este problema como una cuestión de uno u otro país no hace sino beneficiar a los mismos narcotraficantes, que en muchas ocasiones migran, buscando dónde resguardarse, dónde encontrar funcionarios corruptos que los escondan. Bajar la guardia creyendo que el problema es de otro, no es sino una forma, inocente, de quedar expuesto. Ante el cinismo de los narcotraficantes —a los que hemos padecido tanto como el pueblo mexicano— no queda sino unirse en un frente contra chapos, pablos y demás.

 

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected]