El debate sobre la “utilidad de lo inútil”

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Las declaraciones de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez sobre si en Colombia había o no demasiadas psicólogas o sociólogas, para que las mujeres se inclinaran mejor por las ciencias o la tecnología, causaron controversia. Era previsible que así sucediera. Esta situación abre la oportunidad para un debate más a fondo sobre la realidad nacional en materia de carreras, calidad de la educación universitaria y la evidente desigualdad de género en materia laboral que hay en el país.

La vicepresidenta aclaró que su alusión estaba dirigida a “acabar mitos y entender que las mujeres de Colombia sí pueden destacarse también como científicas, ingenieras, matemáticas y tecnólogas”. En toda actividad es tan importante la forma como el fondo y, en este caso, la necesidad de aclaración demostró que el mensaje había sido transmitido de manera equivocada. Hubiera sido deseable que, para este caso en particular, se hubieran presentado datos concretos sobre las cifras de hombres y mujeres que se desempeñan laboralmente en dichas profesiones.

Sin embargo, ese no era el punto. Lo importante es el nivel de expectativa que tiene un estudiante universitario y la realidad que encontrará en el mercado laboral. Con los actuales niveles de desempleo no es fácil conseguir trabajo y, si se consigue, el bajo nivel de remuneración es otro agravante. Si se le suma además el factor género, las cosas son mucho más preocupantes. Una de las mayores quejas que con razón esgrimen las mujeres radica en el hecho de que se suele preferir a los hombres para desempeñar cargos de dirección y, si desempeñan el mismo tipo de trabajo, a la mujer se le remunera con salarios más bajos. Valdría la pena comenzar el análisis bajo estas premisas y parámetros.

Así no haya sido la intención de la vicepresidenta, es inevitable caer en el estereotipo de lo que se consideran carreras útiles, es decir, aquellas vinculadas a un nivel de estatus social derivado de los ingresos que perciben sus profesionales. Lo anterior, en comparación con otro tipo de carreras que, según cierta percepción social equivocada, no tienen mayor utilidad práctica debido a que pueden proporcionar cierta satisfacción personal, mas no beneficio económico. Estas últimas, más asociadas a las humanidades.

Es aquí donde radica un error claro de percepción. La vocación profesional no debería definirse tan solo por el parámetro de los beneficios económicos, sino, en especial, por el nivel de realización personal. Difícilmente hay un colombiano que tenga mayor importancia y reconocimiento mundial que Gabriel García Márquez. O, sin ir muy lejos, la impecable presentación que hizo Shakira en la final del fútbol americano en Estados Unidos. En este caso el intelecto, la sensibilidad artística y la disciplina son también camino hacia el éxito. Y si quienes desean seguir por el mundo de las letras o de las artes no llegan a los niveles del escritor o la cantante, tienen por derecho propio un lugar en cualquier sociedad.

El Colegio Colombiano de Psicólogos le respondió a la vicepresidenta que “la psicología es una profesión que no se puede descalificar a partir del número de graduados” y la invitó a un diálogo en el que se pueda mejorar el empleo para los psicólogos y dignificar la profesión. Tienen toda la razón. La invitación debería dar pie a que la vicepresidenta Ramírez, junto con los ministerios de Educación y de Trabajo, participe en un amplio diálogo nacional sobre estos importantes aspectos.

El profesor italiano Nuccio Ordine, en su libro La utilidad de lo inútil, expresó que, “junto a los humanistas, también los científicos han desempeñado y desempeñan una función importantísima en la batalla contra la dictadura del beneficio, en defensa de la libertad y la gratuidad del conocimiento y la investigación”. Es decir, no se excluye ninguno de los campos del saber ni del conocimiento y todos tienen lugar dentro de una sociedad.

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