El desalojo del campamento por la paz

Hay que aclarar: es cierto que el 18 de noviembre algunos campistas decidieron irse de la plaza tras el anuncio de un nuevo acuerdo, pero muchos se quedaron a la espera de que el acuerdo se materialice y, pese a que eran pocos, fueron desalojados como si supusieran una amenaza para la seguridad.

¿No es extraño que la Alcaldía se sienta con la potestad de decidir cuándo una manifestación ha cumplido su cometido y, por ende, debe ser desmantelada? / Foto: Cristian Garavito - El Espectador

Suena extraño: un campamento por la paz fue desalojado por miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) para no poner en riesgo la seguridad de los asistentes al espacio público, según la Alcaldía de Bogotá. El operativo se hizo el pasado 19 de noviembre, en la madrugada. Los uniformados cerraron la Plaza de Bolívar y cercaron a los campistas como si estos fueran delincuentes y no personas que llevan semanas aportando a su manera para alcanzar un pronto fin del conflicto armado. Son muchas las dudas.

Las voces de rechazo vinieron incluso del Gobierno Nacional. “Muy mal que el campamento de paz de la Plaza de Bolívar, pacífico, espontáneo y cívico, haya sido desalojado por fuerza. Esa no es la Paz”, dijo el alto consejero para el Posconflicto, Rafael Pardo. Mientras que la ministra de Trabajo, Clara López, sostuvo que el desalojo “a la madrugada, con Esmad” mostraba una “falta de reconocimiento con el compromiso pacifista”. Hasta Cambio Radical, afín al alcalde Enrique Peñalosa, criticó el desalojo. “¿Por qué la Secretaria de Gobierno no acudió al diálogo pacífico con los ciudadanos del campamento? ¿Qué peligro representaban para sacarlos así?”, se preguntó el presidente de esa colectividad, Rodrigo Lara.

La respuesta de la Alcaldía de Bogotá es que el desmonte fue “producto del acuerdo con los organizadores del campamento por la paz, quienes voluntariamente decidieron retirarse ayer de la Plaza Bolívar, luego de que se logró el nuevo acuerdo de paz. Así lo anunciaron dichos organizadores en un comunicado” y que “hubo acompañamiento permanente de la Personería y gestores de convivencia, no hay ninguna persona en las UPJ por este tema, ni personas heridas”. Si hubo acuerdo, ¿para qué el Esmad? ¿Para qué un desalojo en la madrugada?

Juliana Bohórquez, una de las promotoras del campamento por la paz, negó que haya habido un acuerdo para el desalojo y denunció abusos por parte de la Fuerza Pública. “Fui testigo de cómo metieron personas a la fuerza en camionetas; yo misma los vi salir. A una mujer le rompieron el dedo, los golpearon”. Hay que aclarar: es cierto que el 18 de noviembre algunos campistas decidieron irse de la plaza tras el anuncio de un nuevo acuerdo, pero muchos se quedaron a la espera de que el acuerdo se materialice y, pese a que eran pocos, fueron desalojados como si supusieran una amenaza para la seguridad.

En otro comunicado, el alcalde Enrique Peñalosa dijo que iba a acompañar y proteger, siempre, iniciativas “que busquen la paz”. ¿El desalojo es su aporte? Es cierto que la ocupación del espacio público no puede ser eterna. Pero hay formas menos violentas, más acordes, por así decirlo, con los nuevos tiempos que queremos para todos.

“Esto va en contra de la paz, en contra de un proceso, y no puede ser que un país que quiera la paz esté callando manifestaciones pacíficas con la Fuerza Pública”, sostuvo, con razón, Bohórquez. “Es muy raro el concepto de ‘concertación’ del alcalde: de sorpresa, a las 3 de la madrugada, mientras duermen y con el Esmad”, dijo, por su parte, la decana de Derecho de la Universidad de los Andes, Catalina Botero. Agregamos algo: ¿no es extraño que la Alcaldía se sienta con la potestad de decidir cuándo una manifestación ha cumplido su cometido y, por ende, debe ser desmantelada?

El pasado 23 de junio, el alcalde Peñalosa sostuvo, por medio de su cuenta de Twitter, que Bogotá estaba preparada “para ser un territorio de paz, después del cese del fuego bilateral”. Lo ocurrido el sábado parece indicar lo contrario.

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