El desastre de Doña Juana

Nos estamos enfrentando a un relleno que ha demostrado sus falencias, con incapacidad para cubrir la demanda de la capital y un pésimo manejo. ¿Cómo es posible que se haya permitido llegar a este punto? / Foto: Juan Zarama

Durante años, las quejas alrededor del manejo del relleno sanitario Doña Juana se han ido acumulando, hasta que esta semana estallaron en protestas de los vecinos del sector, un par de investigaciones abiertas y la intervención de la Alcaldía. Si no se producen cambios estructurales en la manera como se disponen los residuos de la capital, en los próximos años seguiremos enfrentando una crisis sanitaria que se irá complicando cada vez más.

La primera noticia fueron los disturbios entre la Policía y varios protestantes que exigían respuestas por parte de la gerencia del Doña Juana y de las autoridades locales. Los motivos de la manifestación eran más que justos: por demasiado tiempo los vecinos del relleno han tenido que aguantar olores putrefactos y consecuencias por la presencia de residuos sin la debida protección. Los afectados son los barrios Chuniza, Monteblanco y La Aurora, en Usme, y Mochuelo Alto y Bajo, en Ciudad Bolívar.

En respuesta, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, aunque condenó las vías de hecho, les dio la razón a los vecinos del sector y adoptó medidas de choque. En rueda de prensa, el mandatario dijo que “en cinco semanas finalizará la remoción de basuras en el relleno para resolver definitivamente el problema de los moscos. 60 personas, entre personal del operador y el Idiger, fumigarán también las zonas aledañas al relleno de Doña Juana (...) Adelantamos una acción de incumplimiento al operador del relleno de Doña Juana por no prever esta situación”. Es una necesaria primera medida.

No obstante, los problemas del relleno no se detienen ahí. La Personería Distrital anunció la apertura de una investigación contra la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) porque “las irregularidades del operador” de Doña Juana “tienen al sector en una grave situación ambiental” e indicó que no se han tomado las medidas necesarias para atender la crisis. Por eso dijo que la indagación busca determinar quiénes son los responsables de la situación por la que pasan los habitantes del sector.

Por su parte, la Contraloría Distrital también abrió un proceso contra la Uaesp por el detrimento patrimonial de $4.100 millones que debían ser invertidos en la optimización de la planta de lixiviados en el relleno sanitario de Doña Juana. Según el ente de control, “los recursos girados no han sido invertidos para la optimización del tratamiento de la planta de lixiviados (líquidos de la basura) con el agravante de que la Uaesp no tiene claridad de la inversión realizada por el operador”. Y si la situación sigue así, “el colapso de las zonas de almacenamiento es inminente en un corto plazo, lo que representaría que la única alternativa presuntamente viable sería la de realizar el vertimiento directo de los lixiviados al río Tunjuelo y en consecuencia la contaminación del río Bogotá”.

En pocas palabras, nos estamos enfrentando a un relleno que ha demostrado sus falencias, con incapacidad para cubrir la demanda de la capital y un pésimo manejo, que está causando daños a los vecinos del sector y con inversiones que no están dando resultados tangibles. ¿Cómo es posible que se haya permitido llegar a este punto?

Las investigaciones son necesarias, pues los ciudadanos deben poder entender quiénes son los responsables de la situación. Más importante aún, y esta responsabilidad recae sobre el liderazgo político de la ciudad, es que se piense en cómo corregir los problemas estructurales del relleno y de la disposición de basuras. Incluso si se repara el problema puntual, no es difícil pensar que vendrán más situaciones problemáticas. Doña Juana debe ser una prioridad para el Distrito y el Concejo.

 

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