Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 6 horas

El destino de Venezuela

Venezuela se juega hoy el todo por el todo y el resultado de las elecciones será decisivo para el país vecino. Está en la palestra la continuidad de Hugo Chávez, al frente de un proyecto político que luego de 14 años presenta algunos éxitos y grandes fisuras, frente a la opción de cambio liderada por Henrique Capriles, con un discurso enfocado en soluciones y alternativas.

Son dos propuestas divergentes que buscan la aprobación de un electorado altamente polarizado.

El ambiente que se respira dentro y fuera del país es de gran incertidumbre en la medida en que el hasta ahora invencible presidente-candidato tiene al frente a un gallo de pelea que resultó mucho mejor de lo que auguraban los primeros pronósticos. Capriles se fue creciendo a lo largo de la campaña hasta convertirse en el más serio aspirante al Palacio de Miraflores, en estos 14 años, frente a un Chávez que a pesar de su natural fogosidad verbal no cuenta con el vigor físico de las anteriores campañas debido a su problema de salud.

Según las firmas encuestadoras serias, así como los analistas políticos, la intención de voto se ha ido acortando sustancialmente entre los dos competidores y algunos se atreven a señalar un triunfo de Capriles que estaría dentro del margen de error. Sin embargo, lo cierto es que el actual presidente continúa teniendo un alto nivel de popularidad debido a sus Misiones, o programas asistenciales, que han logrado mejoras perceptibles en los indicadores sociales. De ahí que el resultado final, que se espera pueda conocerse esta misma noche, sea una incógnita y tenga en vilo a tanta gente dentro y fuera de las fronteras venezolanas.

Al final de la jornada las miradas estarán puestas entonces en el árbitro natural, el Consejo Nacional Electoral (CNE), llamado a ser el garante de un proceso limpio y transparente, a pesar de que la mayoría de sus miembros sean afectos al chavismo. La oposición, que ha aprendido de sus muchos errores del pasado, diseñó una estrategia de veeduría que le permitirá constatar en todas las mesas de votación los resultados obtenidos. La observación electoral correrá a cargo de Unasur, que se estrena en estas lides, e infortunadamente no fueron invitados ni la OEA ni el Centro Carter, lo que le hubiera dado una mayor legitimidad al proceso, en general, y al escrutinio, en particular.

Sobre la base de la incertidumbre existente son varios los escenarios que se barajan para el llamado día después, dependiendo de hacia dónde se incline la balanza. El sistema electoral parece estar blindado y el triunfo, así sea por una mínima diferencia, debe ser reconocido por el perdedor. Esa es la esencia de la democracia. En caso de repetir Chávez, queda por conocerse la gravedad del cáncer que lo aqueja y que podría obligarlo a dejar el poder más adelante. Si sale derrotado, vale la pena recordar que en las tres ocasiones en las que perdió —en el golpe que dio en 1992, al inicio del golpe que le dieron en 2002 y en el referéndum constitucional de 2007— aceptó el resultado adverso. Pero ¿qué sucedería con sus seguidores, en la cúpula y en la base chavista, que no están dispuestos a entregar el poder?

En el caso de Capriles, hay una oposición altamente motivada y pasional que no parece aceptar ningún escenario distinto al triunfo y estaría dispuesta a hacerlo respetar en la calle. Aquí radica tal vez el nudo gordiano del asunto, ante la posibilidad de que el caldeado ambiente termine en una indeseable violencia de uno u otro lado. Será entonces cuando la grandeza histórica del ganador y el perdedor deberá primar por encima de las pasiones y los personalismos. Es demasiado lo que está en juego en Venezuela y su pueblo sabrá respetar la decisión del electorado.