El “fracking” y más de lo mismo

¿No sería mejor, prediciendo el agotamiento de las reservas de petróleo, empezar desde ya con planes ambiciosos de energías renovables? ¿La decisión definitiva es hacerle todo el daño posible a la tierra antes de cambiar de paradigma? / Foto: AFP

El fracking parece inevitable en el país. La semana pasada, la viceministra de Energía, Rutty Paola Ortiz, dijo que el Ministerio de Ambiente ya había dado el visto bueno para terminar de regular la implementación de esa técnica de extracción. Aunque el jefe de esta cartera salió a desmentir a la funcionaria, argumentando que todavía falta tiempo para que la reglamentación esté lista, las declaraciones de todos los miembros del Gobierno van en el mismo sentido: Colombia empleará este polémico método. ¿No sería mejor, prediciendo el agotamiento de las reservas de petróleo, empezar desde ya con planes ambiciosos de energías renovables? ¿La decisión definitiva es hacerle todo el daño posible a la tierra antes de cambiar de paradigma?

Por supuesto, el Gobierno insiste en que hay maneras de hacer fracking que no violenten el ambiente. En entrevista con Portafolio, Germán Arce, ministro de Minas y Energía, dijo que “el Gobierno es consciente de la importancia de realizar la exploración y explotación de los hidrocarburos en roca generadora de manera sostenible”. Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente, dijo que “reiteramos nuestro compromiso con la protección ambiental del país, especialmente del recurso hídrico, por supuesto, en un marco de sostenibilidad, cumpliendo con la aplicación de los mejores estándares de protección de nuestro patrimonio natural”.

En Colombia, desde 2012, se celebraron los primeros contratos de exploración y producción en yacimientos no convencionales, pero ninguna empresa podía empezar a operar formalmente porque no existían los lineamientos ambientales para hacerlo. Dos años más tarde, el Ministerio de Ambiente emitió los términos de referencia para hacer los estudios de fracking, lo que significa que sólo falta lo que ha llamado el Plan de Alistamiento del Sistema Nacional Ambiental. Ante las declaraciones de Ortiz, el ministro Murillo aclaró que el país aún no está listo, pero que seguramente en 2022 lo estará, para empezar a explotar los yacimientos. Esa fecha coincide con el final de las reservas petroleras actuales, y se estima que el fracking podría producir 3.000 millones de nuevos barriles.

El fracking es una polémica técnica para extraer petróleo o gas de piedras que se encuentran a kilómetros de profundidad y que son supremamente compactas. Para fracturarlas es necesario inyectar en el subsuelo una gran cantidad de agua mezclada con químicos a presión. Estudios han encontrado que emplear este mecanismo aumenta el riesgo de contaminación del agua potable y afecta su disponibilidad. Si se utiliza, Colombia sería el primer país del mundo en efectuar extracción de yacimientos no convencionales en áreas de cordillera e incluso en cercanías a los páramos.

Por eso, organizaciones ambientales han salido a criticar fuertemente la utilización del fracking. La idea de que pueda hacerse de manera sostenible no convence, y además es justa la pregunta sobre si las prioridades energéticas del país no estarían mejor invertidas en otros planes de choque que tengan viabilidad a largo plazo. Camilo Prieto, vocero oficial de la ONG Movimiento Ambientalista Colombiano, le dijo a El Espectador que “esta decisión dilata por completo de manera irresponsable la transición hacia energías renovables y nos hace menos competitivos en el mercado de producción energética, puesto que la tendencia mundial es hacia otro tipo de tecnologías que sí son amigables con el medioambiente”. Estamos de acuerdo.

¿Por qué no aplicar, en este caso, el principio de precaución de la Cumbre de Río? ¿No es momento, acaso, de que Colombia se concentre en otros medios de producción de energía? El plan del Gobierno, y de muchos de los candidatos en campaña, es seguir extrayendo de la tierra a como dé lugar sin percatarse del daño ambiental y social que eso ha generado. Las consultas populares sobre las explotaciones han adquirido mala fama, pero hacen mal los políticos en no leerlas por lo que son: un llamado de la ciudadanía por un cambio de paradigma energético. ¿No estaremos a la altura del reto?

 

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