6 Feb 2021 - 3:00 a. m.

El fútbol femenino merece mayor respeto

El Espectador

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La División Mayor de Fútbol Colombiano (Dimayor) no anunció esta semana una liga profesional de fútbol femenino para el 2021, sino una pantomima. Al mismo tiempo, aceptó de manera tácita su fracaso en construir un proyecto viable y su desdén por la importancia de fomentar la equidad de género en un espacio que tanto potencial tiene para Colombia. No nos sorprende. Los directivos de varios equipos del país han dejado ver su machismo y desinterés por el tema en varias ocasiones. Aún ven el fútbol femenino como un acto de caridad, no como una inversión que puede darle buenos réditos al país. Queda en evidencia la necesidad de pedir diversidad en las directivas del fútbol profesional colombiano y de hacer una renovación sincera en sus formas de pensar. Los discursos que han dado se quedaron, salvo notables excepciones, en palabras vacías que producen profunda decepción.

Dos meses. Esa va a ser la duración de la liga femenina de fútbol en el 2021. Como dijo la portera del América, Katherine Tapia, en Twitter: “¿Quién puede vivir todo el año con un salario de tres meses? Solo exigimos garantías necesarias para nuestra profesión, respeto por nuestro trabajo”. Estamos de acuerdo. El comunicado de la Dimayor es irrespetuoso. Ellos dirán que no hay dinero ni afición; lo que demuestran es que no hay voluntad. A punta de desdén no se construye un proyecto viable de fútbol femenino.

Las excusas están: que hay Copa América, que hay dos Libertadores en el año, que la pandemia, que no hay patrocinadores... Ya lo hemos escuchado todo antes, con variaciones. Como le dijo a El Espectador Carlos González Puche, presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro), “el torneo se proyecta como el cumplimiento de una obligación, no como el interés de fomentar el fútbol femenino. Los clubes que participan en torneos internacionales tienen que cumplir con el equipo femenino según los requerimientos de la Conmebol, y en ese sentido lo que hay que cambiar es la concepción. Dicen que no hay patrocinador, pero quién va a patrocinar si no se sabe cómo será el torneo, si solo va a durar mes y medio”.

Eso tiene repercusiones serias. También hablando con El Espectador, Lina Gómez, delantera de Millonarios, explicó que “las jugadoras cuyos equipos no alcanzan a clasificar solo juegan un mes. Es triste. Hay muchas jugadoras que no tienen un trabajo estable. Su único sustento es el fútbol y recibir solamente un mes de sueldo no es justo. No podemos vender la Liga si no hay una estructura y un orden”. Por todos lados, la conclusión es negativa y se refleja de forma lamentable sobre la Dimayor y sus promesas.

Tenemos que ser severos con la conclusión: la Dimayor ve el fútbol femenino como un requisito, no como un proyecto. Lo mismo ocurre con la selección de Colombia, que hace poco recibió una humillación en un amistoso contra Estados Unidos precisamente porque las jugadoras nacionales no tienen continuidad ni una liga profesional donde puedan crecer. Todo esto sin hablar de los múltiples escándalos por acoso laboral y sexual por parte de entrenadores y directivos.

Lo más desconsolador es que hay talento. Las jugadoras han demostrado una y otra vez que tienen cómo darle glorias al país y construir un proyecto sostenible. Invertir en las mujeres es buen negocio. Además, es una apuesta por la equidad y la dignidad. Es momento de dejar los intentos a medias y las excusas recalentadas. Nuestras deportistas merecen respeto.

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