El futuro de la Selección

Desde hace al menos una década los colombianos hemos experimentado una muy mala racha en el fútbol de selecciones.

Este sentimiento de frustración se elevó un tanto en los últimos meses cuando, teniendo confianza en los jugadores, fuimos eliminados dos veces de forma relativamente rápida: en la Copa América, por cuenta de Perú, habiendo tenido una portería invicta en todo el campeonato, y en el Mundial Sub-20, donde el combinado nacional llegó a ser favorito y parecía imponer su condición de local por encima del buen fútbol de otros países.

Durante el desarrollo de este último evento sucedió el bochornoso incidente que empañó la carrera de Hernán Darío Bolillo Gómez por haber golpeado a una mujer en un bar de Bogotá. Esto lo llevó a presentar su renuncia irrevocable. El Comité Ejecutivo de la Federación de Fútbol, encabezado por Luis Bedoya, se demoró demasiado para tomar una decisión que no requería tanto debate. Debió aceptar la renuncia del técnico de inmediato ante una falta tan grave, pues su permanencia representaba una afrenta simbólica contra las mujeres de este país. Ante la presión mediática, la Federación terminó cediendo.

Y volvió a tomarse un tiempo prolongado, pero prudente, en la elección de un nuevo director técnico. Después de fracasar en la contratación de un extranjero, decidieron por descarte quedarse con la opción que desde el principio era la más lógica: Leonel Álvarez. El asistente técnico de Bolillo y quien, después de él, era la persona más conocedora del grupo de jugadores que integran la Selección en este proceso, es el nuevo entrenador de mayores. Deberá guiarlos hacia la codiciada clasificación al Mundial 2014.

¿Quién es Leonel Álvarez? Un hombre que ha atravesado todas las instancias del fútbol: mundialista en dos ocasiones, miembro de la Selección más recordada de este país, jugador salido de la pobreza, conocedor de la gloria y de la derrota. Lamentablemente, al lado del fútbol, y quizás por eso mismo, también se ha documentado que tuvo contacto cercano, durante la época de mayor influencia del narcotráfico en la vida nacional, con el capo Pablo Escobar. En tiempos más cercanos a los actuales, presuntamente tuvo también relaciones con el paramilitar alias Diego Vecino. Deplorable que nuestro fútbol siga tan ligado a los dineros oscuros y a la violencia, sobre todo en una representación internacional como la que ahora comienza y ojalá termine en Brasil en 2014.

Poniendo a un lado esa mancha, en el terreno estrictamente deportivo, Álvarez es reconocido como un ganador y un hombre aguerrido: así lo demostró como volante de marca en esa selección gloriosa de los noventa y posteriormente como técnico, sacando campeón al Deportivo Independiente Medellín. A su experiencia se suma la de Julio Comesaña (que es, por cierto, el padre deportivo de Álvarez) quien como asistente técnico puede aportar sosiego al temperamento a veces descontrolado del exfutbolista paisa, así como sus muchos años de trayectoria dentro de la dirigencia de clubes deportivos.

A primera vista parecen una dupla eficaz, que se conoce, que puede dar buenos frutos. Falta que los jugadores, sobre todo aquellos que juegan en el extranjero, no le den la espalda a esta persona que, han dicho, ven como un símbolo. Este es un plantel novedoso, que presenta una serie de jugadores muy buenos, con carácter, de buen despliegue en sus respectivos equipos. Queda un mes para la prueba de fuego, tal vez la más importante para Álvarez en esta nueva etapa de su vida. Ya clasificó como jugador a dos mundiales, ¿repetirá ahora como técnico? A pesar de sus nada honrosas amistades personales que algunos testimonian y que no se pueden soslayar, ojalá que él y los jugadores tengan la mejor de las suertes en las eliminatorias que se nos vienen encima.