El hombre caza y la mujer cuida

El significativo cambio que se ha presentado en las últimas décadas en el rol de la mujer en la sociedad —su inclusión en el mercado laboral y en la participación política— ha vuelto invisibles las dinámicas que todavía perpetúan los roles tradicionalmente asignados a las mujeres. Estas dinámicas, en parte, son evidenciadas por el estudio publicado por el DANE acerca del uso del tiempo y trabajo no remunerado en Colombia.

Los datos develan la discriminación de la que son objeto las mujeres colombianas. De acuerdo con el estudio, entre 2007 y 2010 el promedio de carga total de trabajo, incluyendo actividades remuneradas y no remuneradas, fue de 72,4 horas semanales para las mujeres, frente a 61,6 horas para los hombres. A pesar de esto, las mujeres reciben remuneraciones inferiores a las de los hombres en cargos equivalentes, incluso teniendo mayores niveles de educación.

La diferencia de cargas laborales se acentúa si se miran los datos desagregados por trabajo remunerado y no remunerado. De acuerdo con las estadísticas, a pesar de que las mujeres trabajan en promedio más horas semanales, dedican 8,1 horas menos que los hombres al trabajo remunerado y 18,9 horas más al trabajo no remunerado. A este último los hombres dedican en promedio 13,1 horas semanales, mientras que las mujeres dedican 32, casi el triple de la dedicación de los hombres.

Teniendo en cuenta que la mayoría del trabajo no remunerado corresponde a oficios de hogar y a labores de cuidado, los datos reflejan claramente una paradoja en la prevalencia de estereotipos de género arraigados en la sociedad colombiana. Aunque la inclusión de mujeres en el mercado laboral y los niveles de educación demuestran un giro en la preconcepción según la cual el hombre es el único proveedor del hogar, el estereotipo según el cual las mujeres deben dedicarse a labores domésticas se mantiene. Esto tiene como consecuencia una jornada de trabajo más extendida y con mayor dedicación a labores no remuneradas y pobremente reconocidas en la sociedad.

Esta asignación de estereotipos constituye una forma de discriminación contra la mujer, que es deber del Estado erradicar. Por un lado, se les niegan a las mujeres beneficios como recibir remuneraciones equivalentes a las de los hombres; y por otro lado, se les impone una carga desproporcionada que implica trabajar más por menor remuneración, y dedicar tres veces más tiempo que los hombres a las labores domésticas. Este tipo de discriminación impide que las mujeres puedan desarrollarse libremente ejerciendo su plena autonomía, en la medida en que la capacidad económica es un factor determinante en el poder de negociación y la toma de decisiones de las personas.

Es en este contexto en el que las estadísticas publicadas por el DANE, y la Ley 1413 de 2010 que dio origen al estudio, son tan importantes. La Ley regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales y busca medir la distribución del trabajo remunerado y no remunerado, y determinar la carga total de trabajo. Esto constituye un primer paso en el reconocimiento de estereotipos y dinámicas de discriminación de género a partir de información estadística del DANE. No obstante, esta disponibilidad de información es sólo el principio del largo camino que queda por recorrer para lograr la igualdad efectiva entre hombres y mujeres en todos los aspectos de la sociedad colombiana. Le corresponde ahora al Estado elaborar políticas públicas que por una parte reduzcan las diferencias en la participación laboral remunerada y que, por la otra, generen un balance respecto de la asunción de labores no remuneradas entre hombres y mujeres, y un reconocimiento social de lo que estas labores suponen en la sociedad.

 

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