El nuevo PRI

Ganó Enrique Peña Nieto en México y se apresuró a despejar dudas con respecto al regreso a la Presidencia del Partido de la Revolución Institucional (PRI), al cual representa: "Somos una nueva generación. No vamos a volver al pasado. Mi gobierno tendrá la mirada puesta en el futuro. México ya ha cambiado".

Eso esperan su electorado y su país para que enfrente los problemas económicos y de seguridad que recibirá.

El momento que vive México, por lo mismo, es muy complejo y las respuestas que se necesitan deben ser obra de un gran acuerdo de voluntades que una a las distintas fuerzas políticas y sociales. El resultado electoral así lo demuestra. Peña Nieto triunfó con un porcentaje cercano al 38%, y cuyos resultados definitivos no se conocerán hasta mañana, mientras que Andrés Manuel López Obrador, en representación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quedó segundo con 31% y la gran derrotada de la jornada fue la candidata oficialista del Partido de Acción Nacional (PAN), Josefina Vásquez Mota, con 26% de los sufragios. De esta manera se mantienen las tres fuerzas políticas mayores, que muestran la fragmentación del país.

En el Parlamento la situación es similar. El PRI controlará las dos Cámaras, pero sin alcanzar la mayoría absoluta que le permita adelantar los cambios legislativos que prometió en campaña sin alianzas con sus dos contrincantes. En el Senado tendrá, en alianza con PVEM, 57 escaños, contra 41 del PAN y 29 del PRD-PT. En la Cámara el PRI-PVEM alcanza 232, frente al PRD-PT con 140 y el PAN con 118, así como 10 de PANAL. Así las cosas la legislatura, como en los últimos tres gobiernos, implicará un proceso de acuerdos que puede dificultar las cosas dependiendo de los aliados.

Peña Nieto viene de las canteras renovadoras del PRI, el partido que se entronizó en el poder por cerca de 70 años acompañado de corrupción y autoritarismo. Sin embargo, luego de la derrota sufrida frente al PAN hace doce años se inició un proceso de reingeniería para dar un vuelco a la vieja política. Peña Nieto pasó de ser el exitoso gobernador en el estado de México a saltar a la palestra nacional. Para sus detractores, no es más que un joven con una “cara bonita”, sin mayores conocimientos. Un producto de mercadotecnia, vendido por la cadena Televisa.

Lo cierto es que tiene hasta el primero de diciembre, cuando asume, para conformar su equipo de gobierno y cuenta para ello con la sólida estructura de su propio partido para lograrlo. Pero la oposición no se hará esperar. No sólo de parte del PAN, sino del PRD que con López Obrador a la cabeza estuvo a punto de ganar las elecciones hace seis años por un mínimo margen, lo que llevó a un difícil momento de incertidumbre ante el desconocimiento del resultado alegando fraude. En esta ocasión las cosas fueron distintas y el “Chávez mexicano”, como lo llamaron entonces, actuó ahora como un candidato con un discurso menos radical y tuvo el respaldo de un masivo movimiento juvenil, #YoSoy132, que le permite estructurar un significativo grupo opositor al nuevo gobierno.

Fuera de la recuperación económica, para Peña Nieto la lucha contra el “narco” va a ser esencial en su gobierno en medio de una violencia endémica que parece no tener fin. La forma en que decida enfrentar este grave problema, y los resultados alcanzados, va a medir en mucho el éxito o fracaso de su gestión. De hecho se ha anunciado que el exgeneral Óscar Naranjo formará parte de un equipo de asesores en este asunto.

El electo presidente dijo anteayer que los mexicanos le dieron al PRI una segunda oportunidad. Su reto no será sencillo. En sus manos queda la definición del nuevo México que tanto ha pregonado.

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