El país y el desarrollo humano

El Programade las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) rindió su informe anual sobre desarrollo humano.

En él se analiza el bienestar social al que puede llegar una sociedad determinada. Dicho esto en términos llanos, se trata de que la gente coma, se eduque, tenga médico, no pase penurias. De acuerdo con dicho informe, Colombia es un país con alto desarrollo humano. Ocupa el puesto 91 dentro de 186 países evaluados en términos de vida digna. ¿Celebramos esta noticia?

Puede ser. Que el PNUD diga eso categóricamente no es poca cosa. Es de resaltar. Pero aún falta muchísimo por lograr en términos humanos. Que ni pensemos que esto es una victoria, ni mucho menos. Puede que los indicadores sean altos, pero este país sigue siendo muy desigual —de acuerdo con el Banco Mundial, ocupa el séptimo lugar en el planeta—, con unas hondas diferencias entre su población.

Mirar, por ejemplo, la educación en Bogotá (el lugar con más desarrollo humano en el país) da grima: la educación básica depende de la clase social a la que se pertenece. Los ricos van a colegios privados muy buenos, bilingües, competitivos. Los pobres, por el contrario, asisten a colegios deficientes, monolingües, nada competitivos. Todo un apartheid educativo despreciable. De acuerdo con una investigación del Centro de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia), el nivel socio económico (NSE) de los colegios ubica a los ricos en los mejores puestos de las pruebas de Estado y a los pobres en los peores.

Si eso sucede en la capital, las cosas oscurecen dramáticamente en la periferia. El último Informe de Desarrollo Humano (IDH) de Colombia, realizado en 2011, muestra realidades sociales cambiantes respecto del departamento que se analiza: el IDH más alto lo tenía Bogotá (0,90) mientras La Guajira (0,69) o el Chocó (0,73) se ahogaban en vivencias mucho más duras, inhumanas, invivibles. Asimismo está la propia percepción de la pobreza, que dio el DANE esta semana: en las cabeceras urbanas el 35,3% se considera a sí mismo pobre, en el Pacífico colombiano la cifra sube a 67,7%. Y aparte de las cifras, están las realidades: la gente sin salud, los niños caminando kilómetros por puentes quebradizos a las escuelas, la pobreza en sus formas más preclaras.

Más allá de las cifras que encabezan el informe, el PNUD es cuidadoso al decir que no es deseable que el IDH esté acompañado por una creciente desigualdad. Y dice lo obvio —que, al parecer, no lo es tanto—: nadie debe ser condenado a una vida corta y miserable por pertenecer a una clase social determinada. Como dice Jairo Santander, experto en desarrollo y políticas públicas, no conviene que el gobierno de un país vea estos datos sin tener en cuenta el criterio de equidad.

Siendo Colombia la tercera economía más grande de la región, cosa que es de celebrar, las cosas para su gente no andan tan bien como se pintan. Mucho menos cuando ocupa, en términos del IDH, un puesto por debajo de Argentina, Uruguay, Chile, Cuba o Panamá.

Llegó la hora de pensar no sólo en el desarrollo y la economía, sino en el bienestar humano. Sería útil tener en cuenta este informe del PNUD para sentar un precedente: una mirada a las partes en donde fallamos, un enfoque social que rescate a las personas de la trampa impresionante que la pobreza supone. Crecer está bien, es necesario. Pero no es suficiente cuando la tajada grande de la torta se queda en unos pocos. Invertir en educación y en salud no es descabellado cuando se sabe de los impulsos en términos de movilidad social que esto implica. Enhorabuena, pues, el informe si se lee con seriedad y lleva a la acción. No si apenas se mira el enunciado que sirve para celebrar cuando justo alcanzamos a superar la media mundial.

 

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