El regreso de la cultura ciudadana

En buena hora se recupera una iniciativa que dio muy buenos resultados en su momento y que no en menor medida ayudó a cambiarle el rostro a la capital.

Enhorabuena se recuperan las iniciativas de diálogo entre los ciudadanos y las instituciones para evitar relaciones a punta de las sanciones. / Gustavo Torrijos

Un riesgo de los problemas que se normalizan es que fomentan que las personas se sientan bien con el incumplimiento de las normas, lo cual reduce la relación entre el Estado y sus ciudadanos a un juego de “si no me sancionas, incumplo”, que a su vez crea una distancia inadecuada entre las autoridades y la gente. Por eso, es muy bienvenido el anuncio de la Alcaldía de Bogotá sobre el regreso de las intervenciones que buscan educar antes que castigar. Hacían falta.

Según los datos publicados por el Distrito, entre enero y junio del 2015 se impusieron más de 12.800 comparendos a personas que bloquearon las intersecciones. Cada multa era superior a los $344.000. Por eso, el primer proyecto —que se enmarca en la colaboración de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa— se llama “Dale ritmo a Bogotá”, y busca explicarles a las personas por qué si se bloquean las intersecciones todos perdemos, más allá de que haya de por medio una sanción o no.

Por ejemplo, el Distrito contó que en la avenida Caracas, cuando un vehículo queda atravesado, se afecta la movilidad de unos 48.000 pasajeros que utilizan Transmilenio, los cuales tendrían un retraso de hasta 15 minutos por cada minuto que el vehículo permanezca sobre la intersección. En otras vías principales, la demora promedio por vehículo cuando esto ocurre es de hasta 23 minutos. Es a todas luces una situación inaceptable, que, aunque puede pasar inadvertida, influye en el bienestar de todas las personas que habitan en la capital. En palabras de Mockus: “No queremos obligar a la gente a cumplir la norma, sino que entienda por qué esto es una infracción de tránsito”.

Además, para el exalcalde y líder de esta campaña, “hay una relación agresiva contra las instituciones. Si un ciudadano piensa que todos los funcionarios públicos son ladrones, pone la vara tan bajita que casi todo funcionario se va a sentir invitado a hacer lo mismo”. Ese diagnóstico, completamente cierto, es preocupante, pues engendra un ambiente que permite que se perpetúen los problemas más serios que enfrenta la sociedad colombiana. Por eso, el Distrito también prometió intervenciones en temas como violencia intrafamiliar, en los colegios, riñas y asuntos de género.

En buena hora se recupera una iniciativa que dio muy buenos resultados en su momento y que no en menor medida ayudó a cambiarle el rostro a la capital. Pero no debería quedarse ahí.

Hace poco, por ejemplo, dedicábamos este espacio a comentar un informe que denunciaba cómo la limpieza social ha sido un mecanismo de violencia legitimado por el apoyo cómplice de la sociedad civil. Que aún haya un porcentaje altísimo (38 %) de personas que consideran que esta es la forma adecuada de resolver los peores problemas es, como bien lo dijo Mockus, “demencial”.

Y ante eso, la única solución es iniciar un diálogo sincero y entrenado para descubrir esos prejuicios y para que cada persona empiece a darse cuenta de que el bienestar de todos depende de los actos pequeños de cada uno. Ojalá el Gobierno Nacional, en esta coyuntura histórica, impulse medidas similares en todo el país. Es momento de que volvamos a educarnos entre nosotros, a ver si así le bajamos a la hostilidad y reducimos las sanciones al máximo posible.

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