El Sena no puede ser un comodín político

Frustrante que los directores del Sena estén envueltos en escándalos que apuntan a lo mismo: la entidad es vista como un comodín político. / Cortesía y Cristian Garavito - El Espectador

Lamentable la situación del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) que ha salido a flote esta semana. El escándalo por la salida de María Andrea Nieto de la dirección de la entidad sólo dejó en evidencia que hay muchas dudas sobre los manejos que se le han dado a uno de los ejes más importantes de la política pública educativa nacional. En medio de los señalamientos provenientes de todos lados, sólo queda rechazar que se utilice al Sena (y a tantas otras entidades públicas) como un comodín político.

Todo empezó cuando Nieto denunció, en los micrófonos de W Radio, que el Sena estaría plagado de corrupción. Según la exdirectora, su antecesor en la entidad, Alfonso Prada —hoy secretario general de la Presidencia de la República—, habría dejado un número de cuotas políticas y funcionarios que cometieron irregularidades en términos de contratación. Nieto también entregó documentos en la Procuraduría y la Fiscalía para sustentar sus denuncias. Por su parte, Prada ha negado las acusaciones.

Sin embargo, el problema empeoró cuando el Ministerio de Trabajo anunció que desvinculaba de su cargo a Nieto. ¿El motivo? “Haber perdido la confianza del Gobierno”. En Presidencia se molestaron porque la exdirectora del Sena no recurrió a los “canales oficiales” para hacer su defensa. Extraño, especialmente porque Nieto dijo en Blu Radio que durante las últimas tres semanas había intentado hablar, pero que no tuvo la oportunidad y “a veces hay que decidir si te pegas un tiro en la sien o te fusilan. Y yo en este caso me apegué a los principios”.

No le queda bien al Gobierno responder a denuncias de corrupción con un despido que tiene rasgos de censura institucional.

Dicho eso, lo angustiante es que Nieto tampoco está libre de señalamientos. Como lo publicó ayer El Espectador, a la exdirectora se le acusa de haber realizado contrataciones irregulares, incluyendo la de su asesor, Andrés Bautista, con un salario de prestación de servicios por $22 millones mensuales, lo que estaría ocho millones por encima de lo que ella misma ganaba.

Otro de los mencionados en el escándalo es Juan Pablo Arenas, supuesta cuota política de Prada, a quien se le acusa de adjudicar 39 obras para nuevas sedes del Sena sin los estudios financieros adecuados, lo que terminó en inversiones desfinanciadas.

Todos los involucrados han negado sus responsabilidades individuales y las autoridades serán las encargadas de probar qué ocurrió, pero lo cierto es que algo huele muy mal dentro del Sena.

Con un presupuesto anual cercano a los $3,3 billones, esta entidad es uno de los pilares de la apuesta educativa del país. Para muchos colombianos, es la mejor opción de educarse y mejorar sus condiciones laborales. Por eso es tan frustrante que sus directores estén envueltos en escándalos que apuntan a lo mismo: la entidad es vista como un comodín político. Esa es una lógica dañina, no sólo por la complicidad con ciertas dinámicas corruptas, sino porque evita que lleguen a ese cargo personas con las capacidades y los intereses que mejor garanticen los derechos de los colombianos.

El Sena debería ser ejemplo de administración transparente y crecimiento ambicioso. El cambio en la dirección no debe apagar el escándalo. Otro expediente sobre la mesa de la Procuraduría y la Fiscalía que necesita ser priorizado.

 

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