El temor dentro del Ejército

Es innegable que hay una operación que busca silenciar a los militares, tanto dentro del Ejército como en la JEP. / Ilustración: Dilson Tilaguy - El Espectador.

Los miembros del Ejército Nacional que han denunciado en medios de comunicación posibles irregularidades dentro de esa institución han demostrado una valentía que debe ser celebrada y protegida, no sancionada. Por eso, la investigación de la revista Semana sobre las presiones que están recibiendo demuestra un intento nefasto de silenciarlos y una mancha para el mismo Ejército. Los altos mandos de la Fuerza Pública, junto con el Ministerio de Defensa, deben adoptar las medidas necesarias para que no persista el ambiente hostil y peligroso dentro del Ejército.

Son dos las situaciones que, al parecer, tienen desatadas las amenazas. Después de un artículo en The New York Times (TNYT) sobre una directiva del Ejército que podía interpretarse como un fomento al “conteo de cuerpos” en combate, se ha venido denunciando que en esa institución empezó un proceso agresivo para identificar quiénes fueron los militares que prendieron las alarmas. Además, en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se presentaron declaraciones de militares sobre los falsos positivos, donde varios altos mandos han sido nombrados. Alrededor de este contexto han girado las presiones.

Los testimonios publicados por Semana son terroríficos. “Se desató una cacería impresionante”, le dice una fuente anónima a la revista, refiriéndose a los días posteriores a la publicación de TNYT. “Nos preguntaban quiénes de nosotros eran los que habían hablado con los periodistas y como parte de toda esa cacería nos hicieron esas entrevistas”. Otras fuentes narran el uso del polígrafo, los traslados repentinos de una ciudad a otra e incluso amenazas. “A mí me hicieron llegar a mi celular fotos de los seguimientos a mis hijos menores de edad en el colegio”, dice una fuente. “Mientras yo estaba en operaciones, me dejaron anónimos y sufragios en la puerta de mi casa en los que decían que por sapo me iban a matar a mí y a toda mi familia”, dice otra.

Lo mismo ha ocurrido con los militares que han rendido versión libre en la JEP, a propósito del macrocaso de ejecuciones extrajudiciales. El tribunal de paz tuvo que pedir la protección de nueve personas que están en altísimo riesgo por haber dado sus testimonios. También hay denuncias de seguimientos y cartas amenazantes. Es innegable que hay una operación que busca silenciar a los militares, tanto dentro del Ejército como en la JEP. ¿Quiénes son los responsables?

Ante la situación, el general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares, invitó a los uniformados a presentar sus denuncias ante la Fiscalía, pues “es importante que se puedan determinar los casos puntuales y los hechos, para que se puedan tomar las medidas de protección y las medidas correctivas del caso, pues es muy importante”.

El problema es que esa solución es contraevidente frente a las denuncias: quienes han hablado lo han hecho en medios, precisamente, porque no sienten que el Ejército y la Fiscalía les den suficientes garantías para hacer los reclamos internamente.

La respuesta ante la preocupación de los militares no puede ser el silencio y la persecución. El Ejército y el Ministerio de Defensa están en mora de contarle al país, y especialmente a todos los uniformados, cómo van a crear un ambiente propicio para las denuncias, las críticas constructivas y la verdad.

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