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hace 12 horas

El voto de los militares

La pregunta de fondo es, entonces, qué ha cambiado en la situación del país para pensar que levantar la prohibición no abrirá las puertas para que la politiquería impregne a las Fuerzas Armadas y las debilite en un momento histórico en el que su rol es esencial.

El voto de los militares es un debate que no debe darse antes de los acuerdos. / EFE

La propuesta del senador Roy Barreras de realizar una reforma constitucional para que los militares y policías del país puedan votar revive un debate antiguo que debe darse eventualmente, pero el momento no deja de ser inoportuno para Colombia.

Según el legislador del Partido de la U, la iniciativa apunta a “realizar una transición adecuada y, luego de más de 80 años de haber prohibido este derecho a los militares, plantear una fórmula similar a la mayoría de países de la región, de habilitar únicamente el derecho a elegir, e impedir que intervengan en actividades o debates de partidos o movimientos políticos y a ser elegidos”.

La prohibición del voto de la Fuerza Pública está vigente desde el gobierno de Enrique Olaya Herrera (1930-1934), y en 1945 se elevó a rango constitucional. Pese a que en el resto del mundo se han ido desmantelando normativas similares, alegando —con razón— que se trata de arrebatarle un derecho humano a un grupo particular de la población, en Colombia los intentos en el Congreso para hacerlo han fracasado, por motivos que no deben ser desestimados.

Tal vez fue el presidente Alberto Lleras quien presentó de manera más elocuente el caso a favor de la prohibición en 1958: “La política es el arte de la controversia, por excelencia. La milicia el de la disciplina. Cuando las Fuerzas Armadas entran a la política lo primero que se quebranta es su unidad, porque se abre la controversia en sus filas. El mantenerlas apartadas de la deliberación pública no es un capricho de la Constitución sino una necesidad de sus funciones. Por eso las Fuerzas Armadas no deben deliberar, no deben ser deliberantes en política”.

No obstante, y contrario a lo que se ha propuesto, esta medida no ha evitado que las Fuerzas Armadas no estén ideologizadas. Según el informe del Grupo de Memoria Histórica, Basta ya, por ejemplo, a partir de la Guerra Fría el sector castrense adoptó posiciones negativas hacia lo que identificaban como “comunista”, y esto ha causado influencias negativas hasta el presente.

La pregunta de fondo es, entonces, qué ha cambiado en la situación del país para pensar que levantar la prohibición no abrirá las puertas para que la politiquería impregne a las Fuerzas Armadas y las debilite en un momento histórico en el que su rol es esencial. Si bien Barreras dice que la diferencia la dará el posconflicto, ¿no es mejor que primero aterricemos los acuerdos y luego pensemos en cambios con implicaciones tan serias?

El presidente Juan Manuel Santos dijo que les prometió “a los militares que en algún momento eso se haría, les dije que al final de mi mandato, si teníamos la paz, era una posibilidad real”.

El problema es que, al hacer el anuncio ya y someterlo a discusión en un momento en el que se están llevando a cabo debates esenciales para el país, no se puede evaluar cuál va a ser la realidad de Colombia, y se les da fuerza a las voces que ven cierto oportunismo político con miras al plebiscito en guiñarles el ojo a los militares.

Quien decide portar las armas de la Nación sacrifica muchas cosas, y entre ellas renuncia al voto a cambio de tener unidad en las instituciones que son el pilar del orden del país. Por ahora no hay motivos de peso para cambiar esa situación.

 

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