Elevando el cerco diplomático

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El debate que ha surgido alrededor de dos fotografías presentadas por el presidente Iván Duque en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), aunque importante, no debe opacar que Colombia sigue escalando su cerco diplomático contra Venezuela. Fue una semana tensa en la política exterior con ese país y con Cuba.

Ante el pleno de la ONU, el presidente Duque presentó evidencias de cómo la dictadura de Nicolás Maduro está amparando a terroristas que buscan atentar contra nuestro país. Además de haber dado refugio a Iván Márquez y su grupo de disidentes que traicionaron el Acuerdo de Paz y le declararon la guerra a Colombia, el régimen que se aferra ilegítimamente al poder en el país vecino también se ha convertido en un peligroso aliado de la guerrilla del Eln. Como contó el comandante de las Fuerzas Militares, general Luis Fernando Navarro, “tres de los ocho frentes de guerra, unas 20 estructuras compuestas por 1.438 guerrilleros en armas, es decir, el 30 % de los integrantes del Eln, están en Venezuela”.

Esa información ha sido verificada por organismos de inteligencia oficiales y también por organizaciones expertas en el tema. Desde el año pasado, por ejemplo, Insight Crime viene denunciando que el Eln opera en 12 estados del país vecino. Eso no podría ocurrir sin la complicidad del régimen Maduro.

Que Colombia esté bajo ataque y Venezuela esté facilitándolo no es un asunto menor. Por eso es un gesto importante que el presidente Duque haya llevado sus denuncias hasta la ONU. Eso, sumado a la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), es el desenlace lógico del cerco diplomático que la administración Duque viene intentando construir. No obstante, y dado que el cerco no ha producido mayores resultados, es necesario insistir en que la única presión que debe ejercer Colombia es la diplomática, pues cualquier tipo de confrontación militar sería nefasta para nuestro país.

Renglón aparte merece el escándalo que causaron dos fotografías incluidas en el informe presentado y que no mostraban al Eln en Venezuela, como inicialmente se había creído. Aunque el presidente ha dicho que se trató de “imágenes de referencia”, este tipo de errores son distracciones perniciosas que debilitan el mensaje. Quienquiera que haya sido quien llevó al mandatario a cometer semejante imprecisión en tan importante auditorio suponemos que ya ha cesado funciones. Dicho esto, el fondo de la denuncia está más que sustentado: Venezuela está sirviendo de refugio a los terroristas y está bien pretender que el mundo lo sepa y lo condene.

Esta semana, el Gobierno también insistió en que Cuba extradite a los exnegociadores del Eln y sigue amenazando con romper relaciones con la isla. Como hemos dicho en varias ocasiones, esta actitud es en cambio lamentable ante un país que sirvió de garante para el Acuerdo de Paz con las Farc. Le queda muy mal al Estado colombiano romper su palabra al vulnerar los protocolos de negociación pactados con la guerrilla y, en el proceso, enemistar en el ámbito internacional a una Cuba que demostró su buena voluntad con el pueblo colombiano. Haría bien la Cancillería en modificar su posición, aunque no parece probable.

Le ha tocado a la administración Duque un panorama de política exterior complejo, sin duda. Pero la respuesta no puede abandonar la senda de la diplomacia rigurosa y el cumplimiento de las promesas.

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