El mundo, este lugar peligroso

Resultaría impreciso señalar el cambio climático como causa directa del tifón Haiyan, que con cerca de 10.000 muertos pasa a la historia como una de las peores catástrofes climáticas recientes. Pero tampoco se puede afirmar lo contrario con base en la ciencia.

En el mundo globalizado resulta imposible separar los eventos. La tragedia de Filipinas fue ayer la razón de un minuto de silencio al inicio de la 19ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Pero más que solidaridad humana, el gesto podría ser premonitorio. En efecto, la semana pasada se llevó a cabo en Ginebra el evento “Límites planetarios y umbrales de cambio ambiental: significado para el desarrollo sostenible y la agenda global”, en el cual un grupo de científicos y hacedores de políticas hicieron un llamado para no seguir desconociendo las implicaciones de las ciencias del cambio ambiental global en las políticas de desarrollo, a través de las complejas relaciones entre los sistemas climático, ecológico y económico.

La propuesta es simple, pero revolucionaria. No se trata de los límites del crecimiento de los años setenta, en donde el fantasma para el ambientalismo era la escasez de recursos. Tampoco la crítica ambientalista de hoy al crecimiento sin límites en un mundo finito. Es reconocer que el crecimiento debe hacerse dentro de los límites que definen un espacio seguro dentro del sistema ecológico.

La mala noticia, según Johan Rockström, director del Centro de Resiliencia de Estocolmo, organizador del evento, es que estamos transgrediendo los límites de seguridad planetaria en asuntos como pérdida de biodiversidad, contaminación de las aguas, disrupción del ciclo hídrico, acidez del mar y cambio climático. La principal causa de este cambio ambiental peligroso, como lo documentó en el evento James Hansen, de la Universidad de Columbia, es que hemos hecho de la atmósfera un depósito de desechos y las emisiones provenientes de los combustibles fósiles nos habrían colocado ya en una trayectoria hacia 4-6 grados centígrados en promedio, lo cual acarrea mayor dinámica atmosférica.

La falta de un acuerdo sobre el clima, mientras siguen aumentando las emisiones, está llevando a que la adaptación de muchos sistemas locales y formas de vida ya no sea posible, con enormes costos económicos y sociales. Lo sucedido en Filipinas será una nueva evidencia. Así, en la medida en que el mundo se convierte en un lugar más peligroso, no necesariamente la civilización está en riesgo, sino que ya estamos en la civilización del riesgo.

Urge, pues, que Colombia, como uno de los países del mundo más vulnerables al cambio climático, plantee el próximo plan de desarrollo en torno no sólo a la atención de los desastres, como sucedió con Prosperidad para Todos, sino a la adaptación. Colombia propuso en Río+20 los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hoy es claro que la sostenibilidad está limitada dentro de la viabilidad del sistema ecológico y que el crecimiento no debe desafiar umbrales en el ciclo del agua, la productividad de los suelos, la vitalidad de los ecosistemas y la disponibilidad de la biodiversidad.

Tampoco la seguridad ambiental de la población en el territorio. Frente a la relación entre el cambio climático y los desastres atmosféricos, bienvenida más evidencia. Pero ¿acaso no sabemos ya lo suficiente para actuar?

 

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