En cuarentena, no olvidemos a los líderes sociales

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El terror y la violencia no se ven intimidados por la crisis global. Mientras Colombia y el mundo entero enfrentan la pandemia del COVID-19, en nuestro territorio siguen asesinando, amenazando y aterrorizando a líderes sociales que desde distintas orillas le apuestan a la construcción de democracia. Hace una semana, cuando todos los ojos estaban centrados sobre la posible entrada en cuarentena, Marco Rivadeneira fue asesinado en la Vereda Nueva Granada, al sur de Puerto Asís. Esta semana, Jhon Restrepo, director de la Corporación Casa Diversa y reconocido líder regional en materia de derechos humanos y protección de derechos LGBTI, fue víctima de un atentado.

En lo que va del 2020 se han contabilizado más de 100 persecuciones y asesinatos a líderes sociales en todo el país. Este año se suma a una tendencia —que se empeoró desde la firma del Acuerdo de Paz entre las Farc y el Estado colombiano— de aniquilación selectiva de quienes han trabajado por la construcción de sociedad en las regiones históricamente olvidadas por la presencia estatal. Más allá de la discusión sobre sistematicidad o no, en la que la administración pasada y la actual han insistido, la preocupante realidad es que la amenaza o la muerte de un líder se ha convertido en una noticia constante en Colombia. Debemos preguntar de nuevo: ¿hasta cuándo?

El asesinato de Rivadeneira, como contó Colombia2020 de El Espectador, es en especial frustrante, pues muestra lo que ocurre debido a que lo acordado en La Habana no se ha aprovechado para tejer mejores lazos sociales con, por ejemplo, las comunidades cocaleras. El líder era reconocido por ser integrante del Congreso de los Pueblos y presidente de la Asociación Campesina del Puerto Asís (Asopuertoasís). Además, trabajaba en procesos de sustitución de cultivos de coca. De hecho, cuando llegaron a buscarlo, estaba reunido con campesinos de Putumayo discutiendo las propuestas que le presentarían al Gobierno nacional para sustituir los cultivos de coca en varias veredas del municipio. No podemos seguir perdiendo este tipo de personas comprometidas con un nuevo (y mejor) país.

En Medellín, Restrepo sufrió tres heridas con arma blanca. Aunque está fuera de peligro, las organizaciones defensoras de derechos LGBTI en la región y en el país han prendido, con justa razón, las alarmas. Según el conteo de Colombia Diversa, entre 2013 y 2019 fueron asesinadas más de 465 personas LGBTI a nivel nacional. Nuestro país está lejos de haber superado sus prejuicios más violentos y, en momentos de crisis, estos tienden a acentuarse.

El reto para las autoridades por estas fechas es doble. Si las respuestas estatales han sido insuficientes en tiempos “normales”, la cuarentena exige que esta no sea una oportunidad para que los criminales violenten aún más a los líderes sociales y esa realidad pase inadvertida. Mientras los colombianos guardan la cuarentena, la seguridad de todos debe ser una prioridad urgente del Estado. No queremos tener que seguir escribiendo editoriales sobre los líderes perdidos.

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