Espaldarazo a la paz

La visita que hizo el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, a Colombia es importante. No sólo por el fondo sino por la forma. A pesar de lo corta, se dio pocos días después de la reelección del presidente Juan Manuel Santos y los mensajes apuntalando el proceso de paz y su deseo de regresar al país cuando se firmen los últimos acuerdos son pasos en la dirección correcta para la relación entre ambos países.

Si bien América Latina no juega un papel importante para Washington, contrario a lo afirmado por Biden en su entrevista con este diario, es bienvenida su gira para estrechar los lazos entre el norte y el sur del continente. En especial con países como Brasil, luego del impasse generado por las acusaciones de Snowden. En el caso de Colombia, ese incidente ya fue superado y en este momento es mucho más importante que el país que más aportó a la solución militar de la lucha contra los grupos guerrilleros apueste por la feliz culminación de un proceso de negociación.

El país del norte ha desempeñado un papel primordial en la resolución del conflicto armado. No sólo por su asesoría e involucramiento en la lucha contra la guerrilla, sino por su participación en el control del tráfico y la destrucción de cultivos de drogas que la alimentan. Asesoría, involucramiento y participación, no está de más repetirlo, que no siempre han sido las más adecuadas ni se han enfocado en los parámetros que consideramos prioritarios. En especial en materia de narcotráfico, donde por fin comienza a gestarse una nueva óptica frente al problema, bien diferente a la interdicción o la represión.

“Tenemos que detener el dolor y la tristeza. ¡No más!”, fue la frase que el ilustre visitante colocó en el árbol de generación de paz del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, al dejar su mensaje. Así es. Ya son más de 220.000 muertos y cerca de seis millones de víctimas que nos deja el conflicto. De ahí la importancia de ponerle punto final.

Sin embargo, y como se ha dicho en reiteradas ocasiones, si llegamos a buen puerto en esta negociación, luego vendrá la enorme tarea del posconflicto. No solo por el espinoso tema de cuánta justicia se requiere para alcanzar la paz, sino para que el dinero destinado a la guerra vaya a planes sociales en educación, salud, vivienda e inclusión social que tanta falta hacen. Es aquí donde Estados Unidos podría jugar un valioso papel a corto y mediano plazo.

Dado que los recursos necesarios para el posconflicto van a ser grandes, valdría la pena que así como la Casa Blanca y el Congreso lo han hecho hasta ahora, también se puedan meter la mano al dril para esta nueva e importante etapa. Otro tema que habrá que revisar en su momento será el de la solicitud de extradición que tienen las autoridades judiciales del país del norte contra jefes guerrilleros. A pesar de que se debe haber tratado al más alto nivel entre los dos gobiernos, incluida la visita que en diciembre hizo el presidente Santos a Barack Obama, la posición del Departamento de Estado al respecto no ha variado: las solicitudes de extradición se mantienen. Sin embargo, ya sabemos, una cosa es el discurso cuando aún se mantienen las negociaciones en La Habana y otro puede ser una vez se firmen los acuerdos de paz. Ojalá, de todos modos, que nuestro aliado entienda siempre la importancia de este proceso y el papel que inevitablemente también él juega para su éxito.

La visita de Biden se suma, pues, al apoyo de la comunidad internacional al proceso de paz. Que el segundo hombre más importante del gobierno en Washington ratifique es apoyo no puede ser más que otra buena noticia frente a los agoreros del fracaso de los diálogos en La Habana.

 

 

 

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