Esta vez sí, por favor

Esperamos que esta vez sí se arranque la ejecución del metro, para que en futuras administraciones no se siga utilizando como un comodín político.

Ya es hora de que le cumplan a los residentes de Bogotá con el metro.

Enhorabuena el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Bogotá anunciaron el sábado pasado que ya están comprometidos los recursos para la construcción del tan esperado metro en la capital. Si bien el cambio a que sea elevado ha causado polémica, y al Distrito le ha faltado claridad en el sustento técnico que motiva su actuar, celebramos que se siga adelante con fechas fijas y que estemos, esperamos, en un punto de no retorno para un proyecto que lleva demasiados años en planeación.

Después de tanta convulsión, estudios y obstáculos, la capital ya sabe que el metro será por completo elevado. La Alcaldía y el Gobierno también informaron que la primera línea saldrá del Portal de Las Américas (en el suroccidente de la ciudad), recorrerá la avenida Primero de Mayo y luego tomará la avenida Caracas hasta la calle 72. Será un trayecto de 25 kilómetros y se espera que entre en operación en 2022. Después, la idea será llevar esta la línea hasta la calle 127 con autopista Norte para que, según los mandatarios, “en un futuro se conecten otras líneas del metro hacia el norte y el occidente de la ciudad”. Durante esta semana se firmaría el documento Conpes, la licitación se abriría el año entrante y las obras arrancarían en el 2018. Después de tanto atraso, esperamos que ese cronograma se cumpla sin ningún problema.

Por supuesto, y como ha ocurrido en todo el proceso del metro, las críticas no se hicieron esperar. La primera tiene que ver con el motivo para desechar los costosos estudios que la administración pasada, del exalcalde Gustavo Petro, había realizado para estructurar un metro subterráneo. Sobre esto, y según la información que se ha conocido, es apenas razonable que, en una Colombia de vacas flacas y ante el resultado de esos estudios que presupuestaban un proyecto demasiado costos, se opte por un metro más económico y con menos riesgos de sobrecostos. Como lo explicó el alcalde Enrique Peñalosa, “si fuera todo subterráneo estaríamos hablando de $7 billones [de sobrecostos], con eso dejamos a la ciudad en quiebra por 20 años”.

Ahora, la segunda crítica es sobre cuál es el concepto técnico que ha guiado la decisión de la administración actual. Si bien el Distrito ha dicho que, partiendo de los estudios ya realizados, contrató una consultoría de la empresa francesa Systra que sirvió para sustentar la decisión, hace falta que el resultado de esa asesoría se publique. No hay motivos para que el país no conozca en profundidad la justificación técnica para una inversión de este tipo.

Finalmente, la tercera crítica apunta a que enviar el metro por la Caracas es volverlo “alimentador” de Transmilenio. Sin embargo, el complemento operacional (los buses podrían parar más a menudo que el metro, permitiéndole a este último ser mucho más rápido) entre los dos medios de transporte es una apuesta interesante que puede ser muy útil para agilizar los recorridos de quienes viven en Bogotá. Además, dentro de la apuesta de movilidad de la capital Transmilenio juega un rol esencial, y fortalecerlo no puede ser visto como un negativo.

Entonces, esperamos que esta vez sí se arranque la ejecución del metro, para que en futuras administraciones no se siga utilizando como un comodín político. Es lo que Bogotá necesita.

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