Estado de populismo

Es curioso que, cuando se ven derrotados por las vías legales, los caudillos apelen a la “opinión” como vía para saltarse los obstáculos. / Foto: Archivo El Espectador

La Constitución colombiana diseñó una serie de pesos y contrapesos, propios del que se conoce como Estado de derecho, que, en esencia, lo que buscan es repeler los caprichos y las pataletas de quienes ven en el autoritarismo una forma de gobierno aceptable. Contra ese diseño elemental —pero que costó muchos años y esfuerzos desarrollar— es que el expresidente Álvaro Uribe y el movimiento de referendo que busca abolir las cortes se están rebelando hoy. Usan eufemismos para esconder su populismo dañino y desestabilizador.

En 2009, el entonces presidente Álvaro Uribe estaba frustrado. La Corte Suprema de Justicia, en una serie de investigaciones valerosas y que se hicieron en medio de criminales interceptaciones y seguimientos ilegales en contra de sus magistrados, había adelantado varios procesos de parapolítica que afectaron a la coalición de gobierno en el Congreso. La Corte Constitucional, por su parte, truncó el esfuerzo por permitir que Uribe aspirara a un tercer mandato consecutivo. En ese contexto, el mandatario y sus adláteres introdujeron el concepto de “Estado de opinión”.

Ahora que el Gobierno de su partido se encuentra en una situación similar, con un Congreso donde no tiene mayorías, con unas cortes que están ejerciendo su labor de contrapeso y con una popularidad que decae, reaparece el concepto, en esta ocasión con el propósito de echar para atrás la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y, de paso, cerrar las cortes.

“Los ciudadanos tienen derecho a oponerse a decisiones de cualquier rama del poder, a través de expresiones constitucionales del Estado de derecho y crear conciencia, un Estado de opinión”, escribió el expresidente en Twitter. Como explicó Álvaro Forero Tascón en su columna para El Espectador, “la tesis del Estado de opinión es un intento burdo para esconder el populismo, o para darle respetabilidad”.

Paralelo al mensaje del expresidente, la Registraduría reconoció al Movimiento Libertad y Orden como comité promotor de un referendo que, en síntesis, busca derogar la JEP, modificar el Congreso y, qué curioso, revocar las cortes. En otras palabras: eliminar todo el sistema de pesos y contrapesos como lo conocemos y como funciona en las democracias sanas.

Ese tipo de medidas radicales invitan a hacer creer que Colombia está en un momento de crisis institucional, con una “dictadura de los jueces” (como lo llamó Uribe) y al borde de ser, básicamente, un Estado fallido. No deja de ser extraño, no obstante, que este tipo de discursos provengan del partido político que acaba, bajo esas reglas, de obtener la Presidencia de la República. Un mandato que, valga decir, bajo esas mismas reglas nadie piensa que pueda revocarse porque sea impopular, porque no satisfaga el Estado de opinión.

Colombia no está en crisis. Las cortes han tomado decisiones que están ajustadas a sus competencias. Si bien el equilibrio de poderes en ocasiones incomoda e incluso llega a obstaculizar una agenda de gobierno particular, el diseño institucional se creó de esa manera precisamente para evitar el autoritarismo. Cuando las reglas están claras, todos los ciudadanos se someten a condiciones similares y no están a merced del capricho de unos cuantos (incluso si son mayoría).

Es curioso que, cuando se ven derrotados por las vías legales, los caudillos apelen a la “opinión” como mecanismo para saltarse los obstáculos. Parecen decir que ellos, y solo ellos, tienen la verdad revelada sobre lo bueno y lo malo. Eso se llama populismo.

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