Las exploraciones anunciadas

Claro que desde este espacio hemos apoyado y seguiremos apoyando el esfuerzo de pactar una paz negociada entre el Gobierno y la guerrilla del Eln.

 Y claro que nos parece que el fin de un conflicto de medio siglo tiene su respuesta, únicamente, en el diálogo. Y claro que creemos que del proceso de paz con la guerrilla de las Farc pueden sacarse insumos (que no copias) para iniciar una nueva agenda con puntos razonables y efectivos. Y claro que esperamos que las víctimas sean el centro de toda la discusión, acompañadas de verdad, reparación, garantía de no repetición y justicia plenas. Por eso merecen un aplauso esos acercamientos que divulgaron el martes en la tarde Piedad Córdoba, de Colombianos y Colombianas por la Paz, y Germán Roncancio, de Clamor Social por la Paz: que desde enero de este año se adelanta un esfuerzo exploratorio para acordar una agenda y diseñar un proceso para alcanzar el fin del conflicto.

Lo que sí resulta extraño (bueno, no extraño, pero sí casualmente coincidente) es que el anuncio de unas meras exploraciones se haga público a cinco días de que este país elija presidente de la República. Y que un actor importante de esas exploraciones sea, por demás, uno de los dos candidatos. La posibilidad de paz mezclada estratégicamente con los intereses electorales. Aspiraríamos a un poco más de discreción hasta tener hechos cumplidos.

“Oportunísimo”, fue el título de la noticia en la portada de este periódico el día de ayer, con no poca controversia en la reacción al mismo. Oportuno nos parece que se adelanten esos acercamientos, claro. Pero a la vez es demasiado oportuno para la campaña del presidente-candidato que se haga este anuncio en este momento, a pesar de que esa exploración ya sabíamos que se venía dando desde hace tiempo. Los medios de comunicación, como ha sucedido en estas últimas semanas, nos vemos en la obligación de informar sobre este anuncio y lucir como si estuviéramos en plan de favorecer a alguien. Lamentable que algo tan importante como un intento de paz negociada termine politizado de esta manera por la inminencia y la cerrada disputa de la contienda electoral.

Es denigrante que con un asunto de Estado, que es lógico que despierte pasiones, se juegue de semejante forma. Los unos, diciendo que el candidato-presidente es el único que puede darles fin a estos diálogos que apenas empiezan, o también al que ya avanza con las Farc. Los otros, argumentando falazmente que su candidato puede darle el rumbo que necesitan realmente estos procesos. ¿Cuál interés hay en mezclar con las elecciones un asunto que debe ser política de Estado?

Suficiente con la campaña. Vayamos al naciente proceso con el Eln. Piedad Córdoba ha dicho que se trata de “una muy buena noticia para el país, porque se inicia una ronda de contactos que dan inicio a la construcción de una agenda que permita establecer una mesa de diálogos con el Eln”. Se sabe de sobra que llegar a este punto no ha sido nada fácil: muy grande es la pared de lejanía que hay que romper para que se dé el paso simbólico de pactar una agenda. El Eln ha sido protagonista de estos intentos desde hace décadas.

Mientras no se acuerden todas las condiciones para el diálogo, no debe darse inicio a una mesa formal de conversaciones con ese grupo. Hasta ahí, estamos con el presidente Juan Manuel Santos. Ya habrá tiempo para discutir el resto. Pero que avance. Bienvenido sea. Ojalá con la misma discreción con que avanzó el de las Farc hasta acordar la agenda para sentarse a negociar.

 

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