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14 May 2022 - 5:00 a. m.

Finlandia y Suecia, rumbo a la OTAN

"Con la invasión a Ucrania, Putin logró lo impensable: dos países europeos que desde la Guerra Fría se habían mantenido neutrales buscan la solidaridad militar ante la amenaza". / Foto de referencia: AFP.
"Con la invasión a Ucrania, Putin logró lo impensable: dos países europeos que desde la Guerra Fría se habían mantenido neutrales buscan la solidaridad militar ante la amenaza". / Foto de referencia: AFP.
Foto: Agencia AFP

Con la inminente solicitud de ingreso de Finlandia y Suecia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Vladimir Putin, presidente de Rusia, parece haber logrado el efecto contrario al deseado con la invasión a Ucrania: dos países europeos que desde la Guerra Fría se habían mantenido neutrales buscan la solidaridad militar de otros países ante la amenaza que se cierne desde Moscú. A pesar de que la mayoría de los ciudadanos de ambas naciones preferían mantenerse al margen de los problemas con Rusia, desde 2014, tras la anexión de Crimea, comenzaron a cambiar esa percepción y están listos para entrar a la Alianza Atlántica.

Se espera que a comienzos de la semana entrante, de manera simultánea, se formalice la petición de adhesión y se inicie su trámite. Dado que puede demorar un año, algunas naciones europeas buscan garantizar un apoyo inmediato en caso de que uno de los dos países sea objeto de un ataque. El primer ministro británico, Boris Johnson, visitó ambas capitales y firmó con sus jefes de Estado y de Gobierno un acuerdo de apoyo inmediato en caso de que se produjera una acción bélica. Adicionalmente y dado que ambos países pertenecen a la Unión Europea, de acuerdo con el Tratado de Lisboa puede haber también una cooperación militar inmediata si se llegase a presentar dicha circunstancia.

En el caso de Finlandia, que comparte con Rusia una frontera de 1.300 km, su presidente, Sauli Niinistö, y la primera ministra, Sanna Marin, quieren solicitar la adhesión a la OTAN “cuanto antes”. El próximo lunes el Parlamento se reunirá para analizar el tema y se da por descontado que se aprobará mayoritariamente la medida. En la actualidad, revirtiendo la cifra de hace algunos años, el 76 % de los finlandeses aprueban la adhesión. Desde su ingreso a la Unión Europea a comienzos de los 90, Finlandia se considera no un país neutral, sino no alineado militarmente. En adelante la situación será otra y, una vez se formalice el ingreso, crecerá la frontera de los países europeos con Rusia, que actualmente es de 1.200 km, comprendiendo a Polonia, Noruega, Estonia, Letonia y Lituania.

No es de extrañar, dada la pugnacidad de Putin, que desde Moscú hayan dicho que, ante la certeza de este “giro radical” por parte de Finlandia, se verán obligados a “adoptar medidas de respuesta de carácter técnico-militar y de otro tipo, con el objetivo de detener las amenazas a su seguridad nacional (…). Helsinki debe ser consciente de la responsabilidad y de las consecuencias de esta medida”. Dentro del discurso tradicional frente a los temas de seguridad, las palabras que vienen desde Moscú dejaron de ser consideradas como mera retórica tras la invasión de Ucrania y con toda razón pasan a ser consideradas como una amenaza seria en contra del país nórdico. Con claridad, el presidente Niinistö le dijo a Putin que si quería ver el motivo de la decisión, se mirara al espejo.

Suecia, que había seguido un camino similar al de Finlandia al mantenerse alejada de las fricciones entre la OTAN y Rusia, decidió modificar su política en materia de seguridad desde Crimea, hace ocho años. Se espera que el país adopte una decisión mañana domingo y con seguridad anunciará conjuntamente con su vecino la solicitud de adhesión al bloque transatlántico. Los suecos, al terminar el año pasado, aprobaban tan solo en un 25 % el eventual ingreso. El mes pasado la cifra se acercaba al 60 %, con el Partido Socialdemócrata a la cabeza. El próximo martes, durante la visita del presidente Niinistö a Estocolmo, podría hacerse el anuncio junto a la primer ministra socialdemócrata Magdalena Andersson.

Con este panorama, queda claro que el autócrata ruso ha fracasado en sus pretensiones iniciales. No logró conquistar Ucrania, ha fortalecido una OTAN que estaba en franca decadencia y logra ahora lo impensable: que dos de los países que se mantenían al margen de los problemas de seguridad militar entren a formar parte de la Alianza.

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