Guillermo Lasso derrotó al correísmo en Ecuador

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El triunfo del derechista Guillermo Lasso, en su tercer intento por la Presidencia, abre un nuevo capítulo para la política en Ecuador. Tras el decenio del gobierno de izquierda de Rafael Correa y los cuatro del centro de Lenin Moreno, la llegada de Lasso, exbanquero y miembro del Opus Dei, se da justo en el momento en que el péndulo hacia la izquierda volvió a la región en Argentina y Bolivia. El temor al regreso del correísmo en Ecuador y una campaña bien planteada le permitieron al vencedor imponerse por un margen mayor al esperado. Sin embargo, tendrá que lidiar con un Congreso en el cual la izquierda tiene amplia mayoría.

La jornada electoral fue un ejemplo de civilidad democrática. A pesar de que se preveía un resultado muy apretado, Lasso (52,5 %) le sacó cinco puntos de ventaja a Andrés Arauz (47,5 %), de la correísta Unión por la Esperanza (Unes). Estas cifras demuestran que se mantiene la polarización en un país que, al menos en las elecciones presidenciales, está dividido en dos mitades, lo que no hará fácil la gobernabilidad para el ganador. El presidente Lenin Moreno le entregará a Lasso un país no solamente polarizado y con un deficiente manejo de la pandemia, sino con una situación económica de crisis, hechos que explican por qué sus niveles de popularidad están cerca del 10 %. El candidato vencedor llamó a la unidad y a pasar la página de la confrontación en un discurso en el cual no faltaron reiteradas invocaciones a Dios.

Según los analistas y como hecho paradójico, lo que le sirvió a Arauz para ganar la primera vuelta no le sirvió en la segunda: ser el candidato de Rafael Correa. Estos cuatro años de Moreno en la Presidencia fueron el primer traspiés para el expresidente que avaló con su nombre la candidatura de su entonces vicepresidente y quien, al llegar al Palacio de Carondelet, le dio la espalda a su mentor y gobernó con su propia agenda. Correa y varios de sus más cercanos colaboradores fueron juzgados y condenados por hechos de corrupción, lo que llevó al expresidente a vivir en Bélgica, desde donde esperaba recuperar el poder en cuerpo ajeno. Sin embargo, los resultados demuestran cómo el correísmo se desdibujó en el último cuatrienio y el anticorreísmo aumentó de manera importante. Mientras Lasso logró obtener dos millones y medio de votos más que en la primera vuelta, Arauz solo obtuvo un millón.

Otro problema para el candidato de izquierda radicó en el hecho de no lograr el apoyo de fuerzas de izquierda como el Pachakutik de Yaku Pérez o la Izquierda Democrática de Xavier Hervas. Estos tres movimientos, por separado, habían sumado en la primera vuelta cerca del 67 % de los votos. Mientras Pérez se inclinó por promover el voto nulo, Hervas dejó a los suyos en libertad, aunque anunció que él votaría por Lasso. La descripción que Yaku Pérez hizo del correísmo fue lapidaria: “Es una tendencia populista que se adorna con un mensaje antiimperialista, pero se arrodilla ante el imperio chino; predica la ecología, pero desangra la Pachamama; dice ser socialista y privatiza puertos, telefónicas, campos petroleros y mineros”. Xavier Hervas no se quedó atrás al advertir que “el modelo correísta coartó las libertades en el país, cooptó las diferentes instancias de poder y manejó mal los fondos públicos, pero lo más preocupante es cómo nos dividió con un discurso de fractura y de odio durante prácticamente 14 años”.

Uno de los mayores retos que enfrentará Guillermo Lasso está en el Parlamento. De acuerdo con su nueva configuración, el correísmo contará con 49 escaños, los indígenas de Pachakutik se convierten en la segunda fuerza con 27, la Izquierda Democrática tendrá 18 y el oficialismo 12. Esta realidad indica que Lasso deberá negociar y buscar alianzas para lograr apoyos necesarios para pasar sus proyectos de ley. El que los indígenas y la Izquierda Democrática no hayan apoyado a Arauz no implica que estén necesariamente de acuerdo con el nuevo presidente.

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