Hillary, convencer para vencer

El mensaje inicial de Clinton va dirigido a lograr la unidad ante un candidato opositor que busca dividir a través de un reiterado mensaje de temor, odio e insultos.

Hillary Clinton hizo historia, pero le queda una difícil carrera si quiere llegar a la Casa Blanca.

La convención demócrata hizo historia al investir a Hillary Clinton como la primera mujer de los Estados Unidos en ser candidata oficial de uno de los dos grandes partidos. Pero no todo es color de rosa, pues tras su nominación, los retos que le esperan son grandes ante el avance incontenible de su rival, Donald Trump. Aunque parte con una aparente unidad en torno a su nombre, debe convencer a muchos indecisos de que ella es la mejor opción.

El lema de su campaña es diciente: “Juntos somos más fuertes”. El mensaje inicial va dirigido a lograr la unidad ante un candidato opositor que busca dividir a través de un reiterado mensaje de temor, odio e insultos. Sin embargo, nada de esto se va a alcanzar mientras no se logre la otra parte del efecto buscado: poner orden en casa al juntar al en el propio partido a todas y cada una de las partes que lo conforman: izquierda, centro y derecha. Ese es el primer y más importante reto.

La convención comenzó mal para Clinton. Una calculada filtración de miles de correos electrónicos, al parecer por parte de hackers rusos, dejó en evidencia que el Comité Nacional Demócrata (DNC) abandonó su papel neutral y tomó partido a favor de Hillary y en contra de Bernie Sanders, el carismático líder del ala izquierda del partido y su rival en la internas demócratas. Este hecho le costó la cabeza a la presidenta del DNC, Debbie Wasserman. A pesar de que Sanders obró con gran madurez política y en un emotivo discurso apoyó la candidatura de su rival al decir que “cualquier observador objetivo concluirá que, basándonos en sus ideas y su liderazgo, Hillary Clinton debe ser la próxima presidenta de Estados Unidos”, la sensación que quedó es que todavía hay heridas.

Sin embargo, los seguidores de Bernie ya habían sufrido una primera decepción cuando la virtual candidata decidió nominar como su fórmula vicepresidencial a Tim Kaine, un hombre de centro que habla bien el español. El esperado guiño hacia la izquierda no se produjo y los estrategas aconsejaron apuntar al voto hispano con la seguridad de que más adelante, y ante la amenaza de un triunfo del populista candidato republicano, quienes lo adversan se plieguen a Hillary. Ahí es donde la candidata deberá obrar con suficiente habilidad para restañar las críticas que en el pasado hizo a su rival demócrata y demostrar que sigue manteniendo un discurso inclusivo y progresista a favor de las mujeres y las minorías.

Como hecho paradójico, tres de los oradores que recibieron las mayores ovaciones por parte de los asistentes a la convención, distintos a la candidata y a Sanders, fueron Michelle Obama, Joe Biden y Barack Obama. En el caso del presidente y el vicepresidente, porque el reconocimiento a su labor es la mejor respuesta al apocalíptico panorama que Trump se ha encargado de pintar sobre la forma en que queda el país tras ocho años de administración demócrata. Y en cuanto tiene que ver con la primera dama, porque las relaciones entre las dos mujeres no fueron buenas en el pasado. Este importante paso no es sólo un mensaje interno de unidad, sino que coloca a Obama en el partidor para una eventual candidatura a futuro. Demostró con creces que tiene la formación, la capacidad y el temple para conducir el país.

Como lo dijo un analista, vendrá una “batalla entre la demagogia y la razón”. Mientras el magnate neoyorquino va a seguir agitando el trapo de la xenofobia, el racismo, la descalificación y el odio, que tan buenos resultados le ha producido, Hillary Clinton seguirá con su discurso inclusivo, de unidad, de construir en vez de destruir y de demostrar que llegó el momento en que una mujer con capacidad y méritos pueda gobernar el país más poderoso del planeta. No en vano, en caso de ganar, será investida como comandante en jefe de los Estados Unidos.

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