Invertir en nuestras niñas

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Hay todavía mucho camino por recorrer para que nuestro país pueda decir con seriedad que ha mejorado las condiciones de desigualdad estructural que sufren las mujeres.

Hoy se celebra, por cuarta vez, el Día Internacional de la Niña. Esta celebración es evidencia de un esfuerzo mundial para pensar con seriedad la importancia que las mujeres —desde sus primeros años— tienen en el desarrollo de todos los países y la necesidad urgente de atacar los problemas particulares causados por la desigualdad de género y los obstáculos misóginos.

Bajo este contexto se llevará a cabo una reunión en la sede principal del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) con presencia de niñas de Bolívar, Sucre, Nariño, Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Cundinamarca. El objetivo será dialogar sobre el rol específico de las niñas en la construcción de una paz estable y duradera, especialmente en un eventual posconflicto con las Farc. Además del ICBF, la reunión es apoyada por la Fundación Plan, ONU Mujeres, Unicef, Unfpa y la Alianza por la Niñez.

El tema no es de menor envergadura. Ser mujer —de cualquier edad— en Colombia representa una serie de riesgos y obstáculos para el crecimiento personal y el libre desarrollo de la personalidad. Según datos de la Defensoría del Pueblo, en el 2013 se presentaron 46.177 agresiones contra mujeres en el país. El Centro de Memoria Histórica ha documentado cómo las mujeres son especialmente victimizadas en contextos de conflicto armado. En lo económico, aunque se han dado avances, en Colombia las mujeres sólo tienen un 55,8 % de participación en el mercado laboral, según el informe de la ONU titulado “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016”. Hace unos días mencionábamos cómo sólo una de cada siete mujeres tiene acceso al derecho a la pensión. En términos de derechos reproductivos, todavía nos hace falta una política seria que les permita a las mujeres ser dueñas de su cuerpo y recibir la atención que necesitan. La representación política sigue amarrada a leyes de cuotas y mínimos que a duras penas cumplimos —no olvide, señor presidente, nuestra solicitud de proponer una terna de mujeres para la Corte Constitucional—.

Hay, entonces, todavía mucho camino por recorrer para que nuestro país pueda decir con seriedad que ha mejorado las condiciones de desigualdad estructural. La trágica realidad es esta: si usted es mujer, es muy probable que tenga muchas más dificultades para construir y seguir su plan de vida.

Y eso es ilógico, no sólo por tratarse de una injusticia, sino porque las mujeres, que son mayoría en número, demuestran que devuelven con creces todo lo que se invierta en ayudarlas a superar los obstáculos. No exagera Viviana Limpias, representante adjunta de Unicef Colombia, al afirmar que “si las niñas reciben apoyo eficaz durante la infancia y la adolescencia, tienen la posibilidad de cambiar el mundo. Toda inversión destinada a otorgar ese poder a las niñas respalda la vigencia actual de sus derechos y constituye una promesa de un futuro más equitativo y próspero”.

No sólo eso, sino que un país en paz, ese nuevo país que estamos intentando empezar a construir, necesita darles espacio a sus mujeres y niñas para triunfar.

Además, Colombia —como muchos otros países— debe cumplir los Objetivos del Milenio, entre los cuales hay uno —el quinto— que estamos en mora de ejecutar: eliminar la discriminación contra las mujeres y niñas. Ojalá hoy el Estado escuche lo que nuestras niñas tienen para decir al respecto. Ahí está el futuro de Colombia.

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