La consolidación de la oposición como valor democrático

Ayer, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, sancionó el Estatuto de la Oposición, que entrará a regir a partir de la posesión del nuevo Congreso, el próximo 20 de julio. Con esta medida se cumple por fin una de las promesas pendientes de la Constitución de 1991. Falta ver si los partidos que se declaren en oposición aprovechan responsablemente los beneficios obtenidos para seguir consolidando sus proyectos políticos.

En este país acostumbrado a las abrumadoras mayorías parlamentarias, la oposición política siempre se ha ejercido con muchos obstáculos y ha tenido falta de representación. Además, en un contexto donde están asesinando líderes sociales a lo largo y ancho del país, la mayoría con ideologías políticas distintas a las mayorías nacionales, es esencial que empecemos a consolidar la “oposición” como derecho útil para la democracia colombiana.

Hay que decirlo de manera clara: en Colombia se ve con malos ojos el estar en desacuerdo e incomodar a quienes tienen las mayorías.

Por eso, desde la Constitución del 91 se había prometido la expedición de un estatuto que regulara los derechos de los opositores. Pero nunca hubo la voluntad política, hasta que se pactó en La Habana, como un reconocimiento de la importancia para la paz, que todos los colombianos contemos con espacios de representación sin importar nuestra manera de pensar.

Estamos, entonces, frente a un momento histórico. Aunque expertos y miembros de los partidos de oposición dijeron que el estatuto que se expidió no fue tan ambicioso como se esperaba, reconocen la importancia de crear mecanismos claros para que las voces disidentes sean escuchadas.

Entre varias medidas, la norma sancionada por el presidente contempla un 5 % adicional de financiación entre todos aquellos que se declaren en oposición; 30 minutos mensuales en medios de comunicación; espacio de 20 minutos el día de instalación de la sesiones del Congreso; poder controvertir las alocuciones presidenciales dentro de los dos días siguientes y en los mismos términos que estas se hubiesen realizado; establecer el orden del día durante tres días de las sesiones del Congreso, y tener un puesto en la mesa directiva de las plenarias de las corporaciones públicas.

Lo que se pretende es que para todo el país sea mucho más visible que hay visiones distintas sobre cómo llevar a Colombia.

Ahora la pelota está en la cancha de los políticos que se declaren en oposición, quienes han mostrado divisiones. Como dijo Jorge Enrique Robledo, senador del Polo Democrático, en entrevista con El Tiempo, “la norma del estatuto de la oposición lo que dice es que cada partido, como partido, el que quiera hacerlo, se declara en oposición, y cada uno tendrá su propio vocero”.

Será interesante ver cómo utilizan los nuevos espacios a su disposición. El país necesita una oposición responsable, que construya y no que caiga en juegos retóricos que dividan al país con fines electorales. Si lo hacen bien, pueden cambiar la manera como se hace política en Colombia y la relación del Congreso con el Ejecutivo.

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