La democracia estadounidense a prueba

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Empezó oficialmente el juicio político contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Después de que los demócratas de la Cámara de Representantes enviaran por fin al Senado sus pruebas y la imputación contra el mandatario, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, John Roberts, juramentó a todos los parlamentarios que actuarán como jurados. Aunque lo que veremos las próximas semanas es una lucha partidista, en el fondo está la pregunta de si el presidente traicionó al país abusando de su poder para sabotear las elecciones que se celebrarán este año.

En el juicio, siete representantes a la Cámara serán los fiscales que presentarán, ante el Senado y el mundo entero, el caso de por qué el presidente Trump debería perder su investidura. Se necesita que dos tercios de los parlamentarios estén de acuerdo con los hallazgos para que en efecto Trump tenga que salir de la Casa Blanca. Esto es poco probable, pues los republicanos, que han mostrado una lealtad ciega al mandatario, son mayoría en el Senado.

Más allá de cuál sea la decisión final del jurado, lo más importante es que el público estadounidense vea lo que ocurrió y pueda formar su juicio. Trump está buscando su reelección e irá a las urnas en noviembre de este año.

Mientras se presentaban los cargos para el juicio político en el Congreso, se conocieron mensajes de texto, buzones de voz y otros registros que siguen apuntando a lo mismo: el presidente sabía lo que estaba ocurriendo. Lev Parnas, quien era un socio del abogado personal de Trump, Rudolph Giuliani, dijo que Trump estaba al tanto de todo. Los demócratas intentarán interrogarlo como testigo en el juicio.

Este caso surgió porque Trump, en una llamada telefónica con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, pareció pedirle un favor a cambio de la ayuda militar que le da Estados Unidos a ese país. Trump estaba muy interesado en una posible investigación al hijo de Joe Biden, quien hoy lidera la carrera para la nominación demócrata y se perfila como el principal rival del actual presidente en noviembre.

Es decir, Trump amenazó con cierta sutileza a otro presidente a cambio de que le ayudara a sabotear las aspiraciones presidenciales de su principal contrincante. La semana pasada, la Oficina de Transparencia Gubernamental, organización no partidista en EE. UU., expidió un reporte diciendo que lo que Trump hizo fue ilegal.

Lo que está en juego es si la democracia estadounidense será capaz de frenar al presidente más autoritario que ha tenido en décadas. Ya sea a través del juicio político, donde hay más que suficientes pruebas en contra de Trump, o en las votaciones de noviembre, la decisión debería contemplar un rechazo rotundo a todo lo que representa el magnate, tan contrario al ideal de la unión americana.

Si no es así, si Trump obtiene otros cuatro años, las instituciones estadounidenses seguirán siendo debilitadas y el mundo tendrá que continuar escuchando los caprichos de un populista errático. Habrá qué ver qué pasa el martes, cuando se tomarán las primeras decisiones en el juicio.

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