La dictatorial censura a Caracol y RCN

Venezuela se sigue comportando como dictadura al censurar a Caracol y RCN con argumentos mentirosos.

Uno de los caminos usuales que transitan las dictaduras es el de coartar la libertad de expresión. Los medios de comunicación, elementos esenciales para denunciar los desafueros del poder en una democracia, se convierten entonces en una inaceptable fuente de crítica válida al gobernante de turno. Si los periodistas locales ya no tienen defensa frente al acoso y el ahogo oficial, les corresponde informar a los medios internacionales. De allí que la decisión del régimen de Nicolás Maduro de sacar del aire, a través del servicio de cable, a Caracol TV y RCN Televisión ratifique su condición de dictadura.

La Comisión Nacional de Telecomunicaciones del país vecino, Conatel, tomó esta atrabiliaria medida amparándose en un supuesto “llamado al magnicidio” de Maduro e “incitación al odio” por parte de los dos medios colombianos. Conociendo los antecedentes sobre la forma como actúan las autoridades en Venezuela, donde se puede fabricar un expediente contra cualquier persona, entidad u organismo sobre la base de argumentos inverosímiles, no cabe duda de que nos encontramos, una vez más, frente a otro despropósito emanado de sus órganos de poder. No en vano el presidente Juan Manuel Santos afirmó que “tengo que lamentar lo que sucedió, es una demostración más de un régimen al que no le gustan las libertades (que) se apartó más del sistema democrático” y “cada vez más está actuando como una dictadura”. Nada que agregar. También el secretario general de la OEA, Luis Almagro, dijo que “la dictadura teme la verdad y golpea a medios. La salida del aire de Caracol TV y RCN es un paso más en la sistemática violación a la libertad de prensa”.

No es la primera, ni infortunadamente será la última vez, que este tipo de cosas sucedan. A comienzos de 2014, y por su cubrimiento noticioso, NTN24, de propiedad del grupo RCN, también padeció los rigores del régimen cuando Conatel decidió arbitrariamente su salida del aire. Lo mismo sucedió con la señal de CNN en español en febrero pasado, así como otros medios más. Ahora, la cuenta de cobro a Caracol y RCN obedece, por un lado, al cubrimiento serio y profesional que vienen haciendo las dos cadenas sobre los recientes hechos en el país vecino. En especial por las protestas pacíficas y la represión indiscriminada del Gobierno, que lleva más de 150 personas fallecidas, amén de las muy difíciles condiciones en las que malviven millones de venezolanos debido al desabastecimiento, el hambre, la corrupción, las pésimas condiciones del sistema de salud, la inseguridad, la inflación y un largo etcétera.

De otra parte, al Gobierno no le conviene que haya información independiente y veraz, a través del cable, sobre las muy graves revelaciones de corrupción que viene haciendo la fiscal Luisa Ortega Díaz, ilegalmente destituida por una Asamblea Nacional Constituyente producto de un monumental fraude electoral. En especial porque uno de los principales beneficiarios de la corrupción promovida por la constructora brasileña Odebrecht parece ser el propio Nicolás Maduro.

De allí que el mismo, en previsión de lo que se avecinaba, hubiera acusado a los medios colombianos de una campaña en su contra. Además de los dos canales sancionados allá, también señaló al periódico El Tiempo y a este diario. ¿Qué más se puede esperar de quien sobrepasó hace rato la línea del mínimo respeto por el Estado de derecho y la observancia de las garantías fundamentales que deben hacer parte de cualquier sistema que se considere democrático?

De momento, infortunadamente, las opciones en contra del régimen son pocas. Salvo las importantes sanciones económicas adoptadas por Estados Unidos en días pasados, no es mucho más lo que se percibe a corto plazo. Los medios de comunicación, sin embargo, continuaremos ejerciendo nuestra función de denuncia permanente contra las arbitrariedades que se cometen a diario al otro lado de la frontera, aunque no le guste al presidente Maduro.

Nota del director: Comunican, editora de El Espectador, hace parte del mismo grupo de medios que Caracol Televisión.

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