La hora de las coaliciones

Bienvenidas las coaliciones que respondan a un programa de gobierno coherente. Pero si la opción e sforzarlas, no hay nada malo en que cada quien vaya con lo que tiene para ofrecer.

Archivo. El Espectador

Se cumple este lunes el plazo legal para que los diferentes precandidatos presidenciales definan si han encontrado puntos suficientes de encuentro que les permitan conformar coaliciones amplias de cara a la primera vuelta de la trascendental elección presidencial que vivirá Colombia en mayo próximo. Ante las tensiones que en los últimos días se han hecho evidentes en las coaliciones que lucían más naturales —entre quienes se centran en proteger y sacar adelante el proceso de paz y quienes buscan un cambio brusco de rumbo—, los seguidores de lado y lado presionan afanosamente a sus líderes para que se unan y aseguren un lugar en la segunda vuelta que, en solitario, luce incierto. En ese sentido, las coaliciones tienen mucho sentido, pero si no se dan de manera coherente es preferible que en una primera vuelta vayan por su lado todos los matices posibles. Para eso, al fin de cuentas, es que hay dos vueltas.

Cierto es que las decisiones políticas en esta ocasión tienen una importancia mayor, en cuanto a la defensa de la oportunidad histórica de un proceso de paz y reconciliación y todo lo que falta hacer para consolidarlo o, de otro lado, la decisión de “hacerlo trizas” o de incumplir lo pactado y entrar en un profundo cambio de rumbo de inciertas consecuencias. Esa definición histórica hace pensar qué coaliciones fuertes entre quienes quieren lo primero y quienes prefieren lo segundo es conveniente tener antes de la primera vuelta, y que ese norte definido y antagónico es un objetivo político suficiente para reunir en una sola fórmula los diferentes matices que existen en cada lado.

Animamos desde estas páginas, pues, a las diferentes campañas a despojarse de protagonismos, ansias de poder y milimetrías electoreras durante este fin de semana y aspiramos a que todavía puedan encontrar los puntos esenciales del país que quieren para unirse y presentarles a los colombianos opciones atractivas.

Y sin embargo, visto como está que son más los desencuentros que los acuerdos hacia esas coaliciones más amplias que las dos que se han logrado conformar, no será el fin del mundo que a la primera vuelta lleguen las diferentes opciones de manera independiente. Preferible eso, sin duda, a unas coaliciones incoherentes conformadas alrededor del único propósito de sumar más votos, pero sin un norte claro de lo que sería un gobierno suyo.

Ante tanta dispersión en un punto de quiebre para el país como el actual, se corre ciertamente el peligro de que en una segunda vuelta no queden opciones definitivas sobre el rumbo que cada uno quiere para el país. Pero una coalición de primera vuelta es por naturaleza muy diferente a una cuando solamente existen dos opciones. Las dos vueltas existen precisamente para que los matices tengan un valor, para que las decisiones no sean blanco o negro, para que las minorías tengan una voz y tengan su valor en una segunda vuelta.

¿Conclusión? Bienvenidas las coaliciones que respondan a un programa de gobierno coherente. Pero si la opción era forzarlas sin una real convicción colectiva sobre puntos esenciales de gobierno, no hay nada malo en que cada quien vaya con lo que tiene para ofrecer. Y en la segunda vuelta ya habrá tiempo para coaliciones de otro carácter.

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