La necesaria sustitución de cultivos

El punto de evitar el conflicto con la comunidad es clave, porque está en la esencia de la confianza de estas poblaciones marginadas por el Estado.

La sustitución de cultivos es una medida necesaria para el futuro del país. /Foto: Mauricio Alvarado - El Espectador

La semana pasada vimos un acto que tiene connotaciones simbólicas poderosas para el futuro del país: en Uribe (Meta), el presidente Juan Manuel Santos sembró una mata de plátano minutos después de que un campesino arrancara de ese mismo lugar una mata de coca. Esperamos que este sea el comienzo definitivo de una político de sustitución de cultivos exitosa y, sobre todo, humana.

“Esto es exactamente lo que queremos hacer con las miles y miles de hectáreas que están hoy sembradas de coca”, dijo el presidente Santos, “darles a los campesinos una alternativa mejor y llevar desarrollo, carreteras, colegios, hospitales y oportunidades a zonas donde el Estado nunca había estado presente”. Con esto se dio inicio a uno de los puntos más importantes del Acuerdo de Paz de La Habana: la sustitución manual de cultivos ilícitos como oportunidad, además, para darles alternativas económicas a las familias de las zonas de influencia del cultivo.

Durante el primer año de implementación del programa esperan sustituir aproximadamente 50.000 hectáreas de cultivos de uso ilícito en más de 40 municipios de los departamentos más afectados. Es un compromiso en el que los campesinos erradican, sustituyen y no vuelven a los cultivos ilícitos, mientras que el Gobierno se compromete a entregarles a las familias un millón de pesos mensual durante un año para invertir en sus nuevos cultivos; $1’800.000 por una vez para proyectos de seguridad alimentaria o de autosostenimiento, y $9 millones, por una vez, para proyectos de ciclo corto, como piscicultura y avicultura. A la fecha, hay 83.790 familias en 67.193 hectáreas de 13 departamentos de Colombia vinculadas al programa, lo que representa una inversión no menor.

El reto es grande, pues Colombia está plagada de cultivos de coca y el problema empeora. Según datos del Departamento de Estado de EE. UU., “los cultivos de coca en Colombia aumentaron 39 % en el 2014 y 42 % en el 2015. Pasaron a 159.000 hectáreas, uno de los máximos récords. Un aumento de casi 100 % desde el 2013”.

No obstante, estamos de acuerdo en apostarle a la sustitución: soluciona el conflicto con las comunidades, les propone una alternativa viable para subsistir y evita los problemas de salud que se han venido denunciando por años.

El punto de evitar el conflicto con la comunidad es clave, porque está en la esencia de la confianza de estas poblaciones marginadas por el Estado. Por ejemplo, aunque el Gobierno espera sustituir 50.000 hectáreas el primer año, también busca erradicar otras 50.000 mediante la fuerza. Esto causó un problema en Tumaco (Nariño) hace poco más de un mes, cuando hombres de la Fuerza de Tarea Poseidón ingresaron a la zona para hacer labores de erradicación que derivaron en un bloqueo de más de 1.200 campesinos que se tomaron la vía principal que une al municipio con Pasto.

Celebramos el inicio de este proyecto. El futuro del país y la lucha contra el narcotráfico dependen de que las poblaciones cultivadoras encuentren medios legales de subsistencia. Para eso, la cercanía de un Estado que los financia para sustituir, en vez de perseguirlos, es un excelente primer paso. Así se puede soñar en una Colombia distinta.

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