La olla podrida en el fútbol femenino colombiano

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Como si hiciesen falta más evidencias de que los manejos dados al fútbol profesional femenino han sido deficientes y, en ocasiones, cercanos a criminales, esta semana se dieron a conocer denuncias de acoso sexual y laboral dentro de la selección colombiana sub-17. Sumadas estas situaciones a las ya conocidas de chantajes económicos, abuso laboral y desidia, la Federación Colombiana de Fútbol demuestra su falta de interés en construir un ambiente propicio no solo para la existencia del fútbol femenino, sino para que las jugadoras puedan triunfar y el equipo se convierta en un proyecto viable. ¿Cómo es posible que la respuesta oficial a estas situaciones haya sido que no estaban al tanto, cuando se trata de graves denuncias? ¿Acaso no es evidente la discriminación sistemática que se está permitiendo que tome lugar?

La Liga Contra el Silencio, una alianza de medios enfocados en dar a conocer investigaciones para evitar la censura, publicó esta semana el testimonio de dos jugadoras de la selección sub-17. Una de ellas dijo que el técnico de la selección, Didier Luna, le decía a menudo que estaba muy linda. Incluso cuenta: “Me dijo que quería tener algo conmigo y que podía llevarme a cosas muy grandes en el fútbol”. Cuando se negó, “me sobrecargaba de trabajo, no me dejaba hablar en las reuniones, me gritaba. En un momento le pregunté si tenía quejas y me respondió que era personal y que asumiera las consecuencias”. La situación escaló al punto que la jugadora recibió amenazas y, aunque se quejó ante los entes internos de la Federación y sus jefes directos, nadie la escuchó.

Si el relato suena muy similar es porque sigue los patrones básicos de las denuncias de este tipo: pese a su gravedad, las autoridades encargadas, a menudo compuestas por hombres, no las escuchan; creen que se trata de una pataleta. Pero este no es un tema menor ni mucho menos del fuero íntimo. La carrera de una mujer, a quien nunca volvieron a convocar a la selección, se vio afectada porque, según sus denuncias, el técnico aprovechó su poder para castigarla por no haber accedido a tener relaciones con él. ¿Cómo es posible que no se haya investigado?

Además, ¿por qué Luna sigue en el cargo? Contra él también reposan denuncias de que les coge la cola a las jugadoras e intenta besarlas, todo bajo la máscara de que es una relación “paternal”. ¿Esa es la clase de profesionalismo que quiere promover la Federación?

También se conoció el caso de una menor de edad que fue acosada por Sigifredo Alonso, el preparador físico. La denuncia sigue su proceso en la Fiscalía y, en esta ocasión, por lo menos Alonso fue removido del cargo.

No obstante, hay suficientes sospechas para creer que los casos de discriminación y acoso son sistemáticos, no solo en la selección, sino también en los clubes locales. En entrevista con El Tiempo, Álvaro González Alzate, segundo vicepresidente de la Federación, dijo que “jamás en los 36 años que llevo de dirigente he conocido una queja, una denuncia o un reclamo de que los técnicos de las selecciones femeninas les hayan cobrado a las jugadoras por alinearlas o por convocarlas”. Y, aun así, aumenta el clamor entre las jugadoras diciendo que estos casos son muchos y que no han sido escuchadas. Lo que parece es que la Federación lleva todos esos años no haciendo bien su trabajo.

¿Hasta cuándo el fútbol femenino estará marcado por tantos obstáculos externos?

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