La sensatez en Cataluña

Estos últimos meses han crispado los ánimos y abierto nuevas heridas en ambos bandos, en especial por los errores cometidos tanto por Puigdemont como por Rajoy. / EFE - Javier Etxezarreta

En los últimos cuatro días, la compleja situación que se vive en Cataluña llegó a su punto más álgido con la declaración efectiva de independencia por parte de su Parlamento. De inmediato, el Congreso en Madrid aprobó aplicar el artículo 155 de la Constitución para impedir el secesionismo, destituyó al gobierno autónomo, disolvió al Legislativo y convocó a elecciones para el 21 de diciembre. A pesar de que la crisis parece controlada en lo jurídico, en lo político continúa el debate tras las profundas heridas que deja el procés.

Carles Puigdemont, cesado presidente catalán, trató infructuosamente de maniobrar en medio de la tormenta. La salida que le evitaba hacer efectiva la declaratoria de independencia, luego de intensas negociaciones indirectas con Madrid, era convocar anticipadamente a elecciones. Sin embargo, los sectores más radicales del independentismo lograron imponerse. Puigdemont rindió sus armas y dejó que la decisión separatista fuera tomada por el Parlamento, consciente de lo que ello implicaba. Mariano Rajoy, con el apoyo de los socialistas y de Ciudadanos, echó mano de la disposición legal que prevé su Carta Máxima para poner orden en Cataluña.

De momento, la reacción ha sido de calma en el territorio autonómico. Ayer se llevó a cabo una gran marcha en Barcelona por la continuidad dentro del Reino. Como hecho significativo, una encuesta publicada por el periódico El País muestra que, de momento, y de cara a las elecciones del 21 de diciembre, independentistas y constitucionalistas se dividen en mitades casi iguales. Sin embargo, si lo que se les plantea a los catalanes es una opción intermedia, es decir, “una tercera vía reformista (reforma constitucional que mejore la situación actual de Cataluña), esta pasa automáticamente a ser la preferida (46 %). La opción independentista queda entonces en un minoritario 29 % (hay un 19 % adicional que optaría por mantener la situación actual)”.

El movimiento independentista catalán ha hecho revivir en el Viejo Continente el fantasma de los nacionalismos. Son varias las regiones en Europa que, dependiendo del éxito obtenido por los catalanes, pudieran comenzar a transitar un camino similar. De allí que el referente más importante en la región, la Unión Europea, haya actuado en defensa de la integridad de España. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, así lo manifestó: “España sigue siendo nuestra única interlocutora”. Algo similar expresaron Francia, Alemania y Estados Unidos. Es decir, dDe momento, y a pesar del hecho político protagonizado el jueves anterior en Barcelona, no hubo ninguna repercusión jurídica o política fuera de las fronteras autonómicas.

En las últimas semanas la inestabilidad y el resquebrajamiento de las relaciones Barcelona-Madrid tuvieron consecuencias en lo económico. Ya son más de mil las empresas que prefirieron mudarse a otros lugares de España, ante el temor que implicaría un proceso efectivo de independencia. Los dos bancos más representativos, el Caixa Bank y el Sabadell, estuvieron entre los primeros en iniciar el éxodo. El impacto que esta situación tendrá para Cataluña va a ser muy grande y lLa economía autonómica ya está sufriendo sus efectos nocivos.

Lo cierto es que los catalanes irán a las urnas en menos de dos meses. Serán unas elecciones cruciales, con todas las garantías y transparencia, para que sean los mismos ciudadanos quienes escojan a sus autoridades gubernamentales y legislativas. Estos últimos meses han crispado los ánimos y abierto nuevas heridas en ambos bandos, en especial por los errores cometidos tanto por Puigdemont como por Rajoy. En adelante debería imponerse la sensatez política. Es la hora de explorar fórmulas intermedias que logren tanto atender los válidos argumentos expresados por la línea menos radical del independentismo, como identificar la manera de conceder mayores márgenes de autonomía, bajo la premisa de la unidad nacional.

 

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